Expiación de Ian McEwan

EXPIACIÓN de Ian McEwan

mcewan01Ian McEwan es un escritor inglés que nació en Aldershot, Hampshire, el 21 de junio de 1948. De padre militar, pasó gran parte de su infancia en el Lejano Oriente, en Alemania y en el Norte de África. Al regresar a Inglaterra se licenció en Literatura Inglesa en la Universidad de Sussex y se formó en creación literaria en la Universidad de East Anglia, donde fue alumno de Malcolm Bradbury y de Angus Wilson.

Su primera obra publicada fue el compendio de relatos Primer amor, últimos ritos, en 1975, que obtuvo el Premio Somerset Maugham en 1976, y Entre las sábanas, otro libro de relatos. Sus novelas han obtenido numerosos premios y reconocimientos. Es autor de El placer del viajero, Niños en el tiempo (Premio Whitbread y Premio Fémina), El inocente, Los perros negros, Amor perdurable, Amsterdam (Premio Booker), Expiación (que ha obtenido, entre otros, el WH Smith Literary Award, el People’s Boojer , el Commowealth Eurasia, el National Book Critic’s Circle Fiction Award, Los Angeles Times Prize for Fiction y el Santiago Prize for the European Novel), Sábado (que obtuvo el premio James Tait Black Memorial Prize), En las nubes, Chesil Beach y Operación dulce, su última novela.

  McEwan es miembro de la talentosa generación de los Young British Novelists[1] y es ya un narrador legitimado por la crítica y la institución literaria anglosajona, como se puede observar por la gran cantidad de reconocimientos que ha recibido tanto él como su obra.

McEwan se hizo célebre por sus elaboradas descripciones de obsesiones sexuales y actos violentos, llegando a ser censurado por la BBC en su serie de televisión Geometría, y causando gran revuelo al recibir el Booker Prize por la macabra Amsterdam. Es miembro de la Real Sociedad de Literatura y la Real Sociedad de las Artes británicas, de la Academia Americana de las Artes y de las Ciencias, y es Comandante del Imperio Británico. También ha escrito guiones, como el que creó para la película El almuerzo del labrador (1990), una crítica política al gobierno de Margaret Thatcher.

 EXPIACIÓN

Expiación es considerada por muchos su mejor obra. Es una novela intensa y múltiple que da cuenta de un innegable talento narrativo. El texto integra a lo largo de sus páginas las preocupaciones típicas de la metaficción posmoderna, las inquisiciones del thriller psicológico, la dureza de la novela bélica y el drama de un amor (im)posible violentado por el destino.

El argumento, lineal y nítidamente reconstruible en sus aristas históricas, plantea una mirada crítica sobre los usos y las costumbres británicos –y, por extrapolación, europeos—durante todo el siglo XX. La familia Tallis es el entramado generacional que da pie y estructura el relato novelesco.  Son la típica representación de la burguesía rural que nos introduce de lleno en la vacuidad de su vida, los ritos cotidianos (y agobiantes) de la casa en la campiña, la discriminación social y la crudeza de la guerra, todo ello entrelazado en una prosa cuidada, excelentemente traducida, que sorprende con sus descripciones en filigrana y con voces narrativas de una profunda y tenaz introspección.

McEwan desafía una de las reglas de la narrativa realista y omnisciente por tradición, narrando la historia desde tres puntos de vista, pero desde una sola percepción, la de un personaje construido por el narrador. Este es uno de los méritos del libro: el rescate de la interioridad de los personajes que  permite ahondar en seres agudamente conscientes de sí mismos y de su devenir en el tiempo a través de una determinada historia personal y colectiva. Basta observar las cavilaciones de Briony que intenta reparar el daño causado por su insensata, falsa y sostenida acusación de violación contra Robbie, debatiéndose entre la conciencia de su culpa y las dotes narrativas que le sirven de catarsis. He aquí uno de los nudos argumentales que retan al lector: la escritura es explícitamente tematizada como ejercicio creativo y como arma existencial frente al desamparo. Briony recurrirá a ella, siendo a la vez testigo, actor y víctima de los cruces entre el texto y la vida. Expiación se emparenta así con las búsquedas literarias de la modernidad tardía: autoconciencia del acto de escribir y mostración desenfadada de los dilemas éticos y estéticos del quehacer del escritor.

A pesar de su evidente cotidianeidad en formas y temas, el texto no resulta decadente. Expiación nos ofrece una prosa exquisita (a veces algo excesiva en sus descripciones) que no rehúye lo abyecto o lo oscuro, sabiendo pisar el fango sin anegarse en él. Arrebatos pasionales, incomunicación de la pareja, traiciones, mentiras y, de nuevo, el fragor de la guerra siempre recurrente son algunos de las “regiones humanas” a las que nos transporta el texto. Y todo ello, sin renunciar a la ternura, a la compasión por el sufriente y al clamor de la conciencia cuando se yerra.

En este sentido, Expiación analiza el significado moral de cada acto humano y sus repercusiones en la vida de los otros y  sugiere una posibilidad de redención en este mundo. Varios de sus personajes tratan de ajustar dignamente cuentas con su historia. Todos ellos tratan de recomponer unas vidas que han sido rotas, al igual que el jarrón roto y vuelto a recomponer al principio de la novela. La travesía narrativa de Expiación nos deja algunas interrogantes: ¿Es posible expiar una culpa mediante el sacrificio de una vida austera? ¿Es la escritura un modo aceptable de justicia o balance de la existencia?

[1] La nómina de los Young British Novelist incluiría, entre otros, a Martin Amis, Pat Barker, Julian Barnes, Kazuo Ishiguro, Salman Rushdie, Rose Tremain, Alan Hollinghurst, A.L. Kennedy, Will Self, Helen Simpson, Jeanette Winterson, David Mitchell, Zadie Smith…

De esta novela, como muchos sabéis, se ha realizado una excelente adaptación cinematográfica, dirigida por Joe Wrigth, y protagonizada por Keira Knightley y James McAvoy. En España, esta adaptación se tituló Expiación, más allá de la pasión:

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