La abadía de Northanger

laabadiadenorthangerporjaneaustenLa abadía de Northanger no encontró editor hasta veinte años después de haber sido escrita, y se publicó cuando su autora ya había fallecido. Al parecer, Jane Austen empezó a redactar la novela alrededor de 1798. La familia Austen se había trasladado a Bath, pero realizaban frecuentes viajes, lo que impidió a la joven Jane dedicarse con mayor continuidad a sus escritos. En el otoño de 1802, Jane recibió y aceptó una propuesta de matrimonio de Harris Bigg, un joven amigo de la familia. Al día siguiente de la declaración, Jane decidió rechazar la propuesta, ya que se había dado cuenta de que la estima y el respeto no eran suficientes, y que no sería justa ni correcta con él si aceptara su ofrecimiento. No era poco lo que rechazaba, si Jane hubiera accedido al matrimonio, se hubiera convertido en la futura dueña de una gran propiedad de Hampshire, a solo unos pocos kilómetros de su casa natal, hubiera podido asegurar el bienestar de sus padres y proporcionarle un hogar a su hermana Cassandra. Y tendría hijos propios. Por otra parte, es más que probable que Harris le habría impedido escribir otros libros.

Al parecer, el fiasco con Harris la indujo a ocuparse de nuevo de sus manuscritos. Jane decidió copiar y revisar La abadía de Northanger (aún titulada Susan). Henry, su hermano, se ofreció a ser el agente literario de su hermana y ofreció el manuscrito a Richard Crosby, un editor de Londres. Eso ocurrió a comienzos de 1803. Crosby lo compró por diez libras y prometió publicarlo pronto. Después anunció la publicación del libro en un folleto llamado Flores de Literatura, con la nota aclaratoria de que estaba “en impresión”; sin embargo, nunca más se supo al respecto. Eso fue peor que el ciego rechazo de otros editores, porque la aceptación de la obra había alentado las esperanzas de Jane.

5da5a960f4405b7c5701f2258e8c2221Seis años después, Jane escribió a Richard Crosby. En la carta, escrita con firmeza y seguridad, se ofrece a enviar una segunda copia del libro, si es que han perdido la primera y están dispuestos a publicarla de inmediato; de lo contrario, le comunica que piensa buscar otro editor. Crosby no se impresionó con la carta y le contestó negando que se hubiera estipulado una fecha de publicación, o que tuviera la obligación de publicarla, y ofreciendo la venta del manuscrito a cambio de las diez libras que pagó. Jane no estaba en condiciones de pagar tanto dinero, ya que disponía de un presupuesto de unas 50 libras anuales y estas provenían de la buena voluntad de otras personas. Jane tuvo que abandonar su propósito, y solo en 1816 pudo readquirir el manuscrito. Una vez recuperado el manuscrito, se dedicó a revisarlo de nuevo; cambió el nombre de la heroína por el de Catherine y escribió una nota que indicaba que era una obra antigua, acabada en 1803. En estos momentos, la novela tenía ya su forma final, aunque no su título final.

ddac9c451ece7c8fb8b5bfd11933c13dCinco meses después de la muerte de Jane se publicaron juntas las dos novelas cuyos manuscritos había dejado acabados: Catherine y The Elliots. Sus hermanos acordaron cambiar los títulos por La abadía de Northanger y Persuasión. Ambas recibieron críticas muy favorables en el Edinburg Magazine, con la sabia predicción de que una vez que los lectores se cansaran de las novelas de Scott, Byron, Edgeworth y Godwin, “la escritora de las obras que nos ocupa será una de las novelistas más populares de Inglaterra”.

Pese a que surgió en medio de difíciles circunstancias, no hay en este libro rastros de cuestiones personales, aunque, por su detallada descripción de Bath, ciudad bien conocida por todos los Austen, y sus referencias a las novelas leídas y sin dudas discutidas en Steventon[1], está escrito más para entretenimiento de la familia que las otras novelas de la autora.

Llama la atención en esta novela el hecho de que la heroína no tiene ninguno de los atributos que habitualmente le conceden las normas de la ficción: es una chica corriente, hija de un simple párroco rural que tiene otros nueve vástagos, que carece de inteligencia y de belleza, y también de méritos y admiradores. Catherine es una joven dinámica y muy enérgica, alguien “amante de todos los juegos varoniles”, como la propia Jane, quien, criada en una escuela de chicos, siempre prefirió el críquet o el béisbol antes que jugar con muñecas o tener por mascota un canario.

La elegancia social en la época exigía la ausencia de las expresiones físicas de la vida, como el sudor, la sangre y las lágrimas; toda jovencita que aspirase a ocupar un lugar en la sociedad debía luchar permanentemente contra ellas. La energía vital de Catherine, su capacidad para la fantasía y la imaginación, no tenían cabida en la sociedad de la época; por ello debían de ser controladas y no había mecanismo de control social más eficiente que el matrimonio.

La narradora adopta la postura de una animosa hermana mayor que, de vez en cuando, irrumpe en la historia haciendo sus propios comentarios. Opinará sobre todo y todos, así, por ejemplo, el interés obsesivo de la señora Allen por los vestidos es tratado con franca ironía, tanto por la autora como por el personaje más sensato del libro, Henry Tilney. En un famoso pasaje en el que la joven heroína Catherine Morland se preocupa por lo que se pondrá para asistir a un baile, la autora interpola su propio comentario: “Una mujer debe verse bien solo para su propia satisfacción. No por ello la admirará más un hombre, ni la querrá más una mujer.”

La mirada de Jane Austen sobre su propia heroína no puede ser más irónica y divertida: “Y ahora dejo a mi heroína, recostada sobre una almohada hecha de espinas y mojada por las lágrimas. ¡Y afortunada podrá considerarse si en los tres meses venideros logra descansar una noche entera!”

La novela está plagada de perlas como esta, en las que comenta la necesidad social de que las mujeres se hagan las tontas: “La mujer, sobre todo, si tiene el infortunio de saber algo, debe ocultarlo tan bien como pueda”. O en las que ironiza sobre los supuestos peligros de la lectura de novelas, criticada por los moralistas, por ejercer un efecto pernicioso excitando la imaginación y la fantasía de las débiles mentes de las mujeres que, a partir de la lectura, se convierten en seres incapaces de distinguir la realidad de la ficción. Uno de los temas de la novela será precisamente la capacidad de distinguir entre lo aparente y lo real, en un mundo donde nada ni nadie es lo que parece. Catherine Morlan, muy influida por la lectura de novelas góticas —cuya parodia nos recuerda a don Quijote— es incapaz de apreciar la realidad, lo que dará lugar a tropiezos y errores, que lentamente le harán bajar de las nubes hasta alcanzar un equilibrio entre sus deseos y la realidad social que la rodea,

Como no podría ser de otro modo, Jane Austen no ataca la lectura de novelas, en las que, según ella, “se manifiesta la más poderosa de las capacidades mentales, en la que se transmiten al mundo el más profundo conocimiento de la naturaleza humana, los más acertados perfiles de su diversidad y las expresiones más vivas de sabiduría y humor, en los términos mejor escogidos de un idioma.”

Y desde luego, tampoco acepta la incapacidad de las mujeres para entenderlas y disfrutarlas, su crítica se centra en un género concreto, “la novela gótica” cuyos tópicos (edificios antiguos y misteriosos, escondites secretos, luces que se extinguen de repente, terrores nocturnos, mensajes indescifrables, rumores de muertes sospechosas, hombres poderosos y amenazadores…) satiriza sin piedad. El género ha sobrevivido el tiempo suficiente para que entendamos las bromas, aunque no hayamos leído a la señora Radcliffe ni a sus imitadores, y Austen lo maneja con tal precisión y delicadeza que causa tanta gracia hoy como cuando lo escribió.

[1] Las conocidas como “espeluznantes novelas de Northanger”, recomendadas por Isabella Thorpe a Catherine Morland: El castillo de Wolfebach, Clermont, Avisos misteriosos, El nigromante de la Selva Negra, Campana a medianoche, Huérfana del Rin y Misterios horribles. Durante algún tiempo se creyó que estos títulos eran invención de la autora, pero investigaciones posteriores han demostrado que realmente existieron.

LEER/OÍR LA ABADÍA DE NORTHANGER

Disponemos de ejemplares de La abadía de Northanger en la Biblioteca, pero si queréis oírla leída en su idioma original, sólo tenéis que pinchar aquí:

O también podéis oír esta versión dramatizada por la BBC:

NORTHANGER ABBEY EN EL CINE Y LA TELEVISIÓN

Como todas las novelas de Jane Austen, La abadía de Northanger también ha sido llevada al cine. He localizado dos versiones cinematográficas de esta novela, la primera, de 1986, es una adaptación de la BBC:

Más reciente, 2007,  es la adaptación que preparó Andrew Davies para la ITV interpretada por Felicity Jones y J.J. Feild. El fragmento está en VOSE, así que podéis aprovechar para refrescar vuestro inglés.

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