El unicornio de Iris Murdoch

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El pasado lunes, 11 de marzo, nos reunimos para comentar El cielo protector de Paul Bowles y, como siempre, además de pasar un rato estupendo compartiendo nuestras impresiones sobre la lectura de la novela correspondiente, Carmen Delgado nos propuso la siguiente (y última, por este curso): El unicornio de Iris Murdoch.

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Harold Bloom incluyó a Iris Murdoch entre las “cien mentes creativas y ejemplares” sobre las que discurrió en su libro titulado Genios (Anagrama, 2005). “¿Acaso hay algún novelista inglés vivo que posea la exuberancia y el pulso narrativo que tiene Murdoch?”, se pregunta allí Bloom.

LA AUTORA

7287(Dublín, Irlanda, 15 de julio 1919 – 8 de febrero 1999), hija única de padres anglo-irlandeses, de fuertes creencias religiosas (presbiterianas por parte de padre, anglicanas por parte de madre). Su infancia transcurrió en Londres donde fue educada en escuelas progresistas. En los años 30 militó en el Partido Comunista (motivo por el que se le denegó el visado a Estados Unidos) y, aunque se desilusionó pronto, siempre mantuvo una postura política cercana a la izquierda. De 1938 a 1942 estudió filosofía y literatura en el Somerville College de Oxford donde aprendió latín y griego y posteriormente lenguas modernas (francés, alemán, ruso, esperanto).

De 1948 a 1963 dio clases de filosofía en Oxford y entre 1942 y 1944 trabajó en el Tesoro Británico y luego en Bruselas, donde entró en contacto con el existencialismo francés, en las Naciones Unidas. Y a pesar de su opinión en contra, su labor como filósofa se entrecruza con su tarea de novelista. (Quiénes somos y qué mundo habitamos. En 1956 se casó con el crítico literario, profesor (en Oxford, en esos momentos) y novelista John Bayley). Estuvieron casados más de cuarenta años, hasta la muerte de Iris en 1999. Su vida en común queda reflejada en los diarios de él, Elegía a Iris, en los que se basó Richard Eyre para la película Iris, de 2001. Iris Murdoch trabajó como profesora en las universidades de Cambridge, Oxford y Londres. Aunque dejó su dedicación a la enseñanza en sus últimos años, no perdió el contacto con la vida académica, hasta que su salud se lo impidió.

En los años setenta, consiguió el máximo reconocimiento del público y de la crítica (recibió varios premios, entre ellos el premio Booker-McConnel por su obra El mar, el mar de 1978) y fue propuesta en varias ocasiones al Premio Nobel. A pesar de su tardía entrada en la novela, fue una escritora prolífica, como demuestran sus veinticinco novelas, sus seis obras filosóficas y sus dos volúmenes de poesía. Está claro que disfrutaba escribiendo: las novelas se enlazaban pues no toleraba vivir sin una novela en marcha.

Era una mujer vitalista, brillante y sin prejuicios y una viajera empedernida que quería aprender de otras culturas.

En 1995 durante una entrevista en Israel, Iris Murdoch sufrió un episodio de amnesia y no fue capaz de encontrar las palabras para expresarse. A los 76 años le fue notificado el diagnóstico: padecía Alzheimer. Falleció a los 79 años, el 8 de febrero de 1999.

OBRA NARRATIVA

Bajo la red (1954) fue su primera novela.

Algunas novelas de su primer período, como La campana (1958), siguen la tradición histórica y psicológica de la novela del siglo XIX. Otras obras muestran una tendencia a la narración alegórica y mítica y representan la condición humana a través de personajes creados artificialmente, como en La cabeza cortada (1961); El unicornio (1963), que puede ser interpretada como una novela gótica muy elaborada o como una parodia de dicho género; La muchacha italiana (1964), o en la más madura El sueño de Bruno (1969), que trata el tema del aprendizaje de la muerte.

Después de 1968 planteó el tema del inconsciente, y su estilo se volvió más minucioso e introspectivo, las tramas más intrincadas y violentas a causa de los amores tortuosos que presentan. Su estilo narrativo se refinó cada vez más, incrementando los paralelismos entre la cultura clásica y la oriental. Destacan, por su ambición técnica, El Príncipe Negro (1973), Henry y Cato (1976) y El mar, el mar (1978).

En sus obras combina intelectualismo y temas sórdidos, cotidianidad y metafísica. Sus personajes confrontan sus ideas y existencia con las grandes obras de la cultura, y padecen una angustia tanto emocional como intelectual, porque se les escapa el sentido de sus vidas. Son controvertidos, inmersos en su conciencia; muchos son intelectuales, escritores, pintores, científicos o filósofos.

Sorprendentemente, pensaba que “un novelista tiene que expresar valores, y tiene que ser consciente de que es, en cierta forma, un moralista forzoso. La cuestión es cómo hacerlo. Si no vas a hacerlo bien, mejor no lo hagas.” Asociaba el arte al coraje y la honestidad. A pesar de esta obsesión por la moral, o precisamente por ella, una de sus grandes luchas como novelista fue desvincular la filosofía de la narrativa.

Muchas de sus novelas están traducidas al castellano, pero en España Iris Murdoch no ha tenido el reconocimiento que sí le ha otorgado la literatura británica, que la consideró la mujer más brillante de Inglaterra. Según Ignacio Echevarría, en España está   “editorialmente gafada”.

EL UNICORNIO

La culpabilidad mantiene a las personas prisioneras de sí mismas

El unicornio fue la séptima novela que publicó Iris Murdoch. La novela parte de los pilares esenciales de la novela gótica:

Marian Taylor (30 años) acepta un puesto de institutriz en Gaze, mansión situada en un punto remoto y yermo de la costa irlandesa donde sólo hay dos casas habitadas, Gaze y Riders Sorprendentemente, su pupila no es una niña, sino Hannah Crean-Smith, la misteriosa señora de de Gaze, que vive atendida por una serie de extraños personajes con su cara y su cruz y que realmente son sus carceleros. Cada uno juega un papel esencial en el montaje de la historia.   Nadie ajeno llega hasta allí y, si llega, algo le impide alejarse. La atmósfera es cada vez más agobiante.

En Hannah está la explicación del título, pues el unicornio simboliza la inocencia, la pureza pero también las fuerzas ingobernables de la naturaleza. Como el unicornio, Hannah reúne en el mismo impulso verdad y belleza, sin desprenderse del instinto.

La acción parece desarrollarse a principios de los años sesenta, pero, una vez allí, el tiempo parece haberse detenido un siglo atrás.

La historia de Hannah es una historia de dolor. Por motivos que se desvelan a lo largo de la obra, intentó matar a su marido, Peter. El intento se quedó en intento y é, desde Nueva York, la castiga encerrada en Gaze desde hace siete años para expiar su culpa. Cuando el plazo de siete años está punto de expirar, Hannah contrata a Marian Taylor como institutriz. Su presencia hará que la historia rebiscolee, y que las relaciones entre los personajes hagan más evidentes, desencadenando el drama.

Evidentemente, la fábula no es todo. Su carga simbólica es importante y la novela se mueve, cuando menos, en dos planos: el meramente argumental (con los clásicos elementos de la novela gótica) y el metafórico, que marcha armoniosamente al paso de la narración, a los diálogos (platónicos, y en ningún momento la autora esconde su deuda con Platón)) y al comportamiento de los personajes. El balanceo continuo entre ambos planos hace a la historia oscura y nítida, misteriosa y verosímil. Es necesario un narrador muy hábil, un gran contador de historias para resolver con donaire un planteamiento narrativo tan arriesgado y no caer en el ridículo o en la pedantería. El unicornio  es una novela muy elaborada, como se constata en las descripciones, en las observaciones, en el ritmo, en la velocidad y sobre todo, en la dosificación de la tensión (atención al capítulo en el que Effigham se pierde en el bosque) y en la belleza de su prosa (muy alabada la traducción de Jon Bilbao) Y no todo queda explicado pues el desenlace deja sin resolver muchas dudas planteadas en la novela. Porque el narrador, en tercera persona y sobradamente omnisciente, no nos pone nada fácil desenmascarar la realidad y constantemente tenemos (como Marian, conductora y el más real de los personajes) la impresión de que algo se nos oculta.

Ya se ha dicho que no es solo una novela de suspense: se aborda el problema de la culpa y de la posibilidad de redención, y se trasmite la idea de que vivir sin miedo, sin sentimiento de culpa es lo único que puede salvar nuestra existencia.

IRIS (Richard Eyre, 2001)

PARA SABER MÁS…

DOS CONVERSACIONES CON IRIS MURDOCH

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