Ordesa de Manuel Vilas

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El pasado 12 de abril nos reunimos para comentar Un hijo de Alejandro Palomas. Como siempre, propusimos la siguiente lectura que será, por otra parte, la última lectura del grupo en este curso. Esta vez nos hemos decantado por un libro de rabiosa actualidad, que está siendo un éxito de ventas y de crítica en nuestro país. Se trata de Ordesa del escritor aragonés Manuel Vilas.

EL AUTOR

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Manuel Vilas (Barbastro, 1962) es poeta y novelista, hasta hace poco fue profesor de Secundaria en distintos institutos aragoneses y, en la actualidad, es profesor en la Universidad de Iowa (EEUU).

Inició su labor literaria como poeta y es actualmente considerado uno de los escritores más valorados de su generación. Ha publicado once libros de poemas  que han recibido numerosos premios: el Premio Jaime Gil de Biedma por su libro Resurrección (2005); el Premio Fray Luis de León por Calor (2008); el Premio Ciudad de Melilla por Gran Vilas (2012); el Premio Generación del 27 por su libro El hundimiento (2014), entre otros.

Desde la publicación en 2002 de su primer libro de relatos, Zeta, ha compaginado la poesía con la novela, desarrollando una interesante obra que incluye tres libros de relatos (el mencionado Zeta (2002), Magia (2004) y Setecientos millones de rinocerontes (2015) y seis novelas: España (2008), Aire nuestro (2009), Los inmortales (2012), El luminoso regalo (2013), Lou Reed era español (2016) y Ordesa (2018). En el año 2015 recibió el Premio de las Letras aragonesas.

Es interesante también su trabajo como articulista en diversos periódicos (Heraldo de Aragón, El Mundo, etc.), así como en los suplementos literarios Magazine (La Vanguardia), Babelia (El País) y ABC Cultural.

ORDESA (2018)

Ordesa de Manuel Vilas ha sido recibida por los críticos literarios españoles con excelentes comentarios que resaltan cómo el escritor aragonés ha renunciado en ella a repetir los esquemas que amenazaban con convertir al autor y su obra en una parodia de sí mismo.

Ordesa se resiste, como casi toda la obra de Vilas,  a una clasificación genérica y cuesta trabajo pensarla o leerla como una novela. Como dice Carlos Pardo en su crítica de la obra en El País, “Ordesa es un artefacto literario que rechaza un sentido convencional de lo novelable. Antes que argumento, hay una insistencia obsesiva, según avanza la lectura, en momentos cada vez más sublimados. Es decir, no hay evolución de la intriga, sino una sutil trama del propio estilo, una destilación de los recursos que desemboca en un puñado de poemas.”

Libro de memorias, autoficción… Ordesa puede leerse como un manual de supervivencia del propio Manuel Vilas, quien narra el desmoronamiento de su propia vida a través de varias líneas temáticas: la principal es la reconstrucción fragmentaria, a golpe de recuerdo, de la historia de sus padres, tras la muerte de ambos. La reflexión sobre la muerte de sus padres está trazada con una ironía dolorosa que muchos han relacionado con la de algunos autores judíos como Amos Oz, Albert Cohen o Philip Roth.

La búsqueda insistente de los recuerdos de sus padres se imbricará con el otro gran tema de la novela: la decadencia de España y la impostura de sus instituciones.  Vilas logra hablar de política de un modo imaginativo, indirecto, artístico. Prueba de ellos son las brillantes páginas que recrean la comida de recepción del Premio Cervantes por parte de Juan Goytisolo, con la presencia de los reyes, y que confirman la capacidad de Vilas para hablar del tema de España:

Aun así, la gente se acaba organizando, de modo que hay que estar alerta, por eso hay en el rostro de Felipe VI una burbuja de sombra, y por eso hay en su mujer un murmullo de látigos. Tienen que tener cuidado. Ella está fabricando ese espacio moral que podría calificarse como templo político donde ocurre “lo irreprochable” (p. 39)

 Ordesa narra también la separación matrimonial del propio Vilas y la relación con sus hijos, en unas páginas llenas de franqueza y en las que se presenta como un padre que no sabe qué hacer con sus hijos y que excluyen, muy acertadamente en mi opinión, su papel como amante o marido. Vilas recrea con gran belleza y aridez la relación de un padre con sus hijos y nos cuenta magistralmente ese puente insalvable que solo pueden ver los padres y alcanza a los hijos solo cuando han dejado de serlo.

Como recuerda José María Pozuelo Yvancos en su crítica de la obra de Vilas en el suplemento cultural de ABC, vivimos una excelente época de literatura memorialista. Ordesa presenta, según este crítico, la originalidad de que no es una verdad ensimismada, es decir, que Vilas no solo habla de su vida, sino que habla de la vida; una vida pasada por el tamiz tan barroco de la consideración de su propio final, vista a través de la muerte. Ordesa se convierte en un libro de familia amarillento –y el color amarillo es básico en las ciento cincuenta y siete capítulos de la obra, como lo es en la portada—que narra la muerte de sus padres, sus tíos y acaba narrando la muerte de la España de la clase media baja, la España vulgar, la de los pueblos. La reflexión sobre la muerte de sus familiares le lleva a la reflexión sobre su decadencia y su propia muerte, convirtiendo a Ordesa en una obra sobre la frontera de la vida.

La estructura de la obra es también otro de sus logros: va hacia atrás y adelante, se mueve por impulsos que no dejan de ser narrativos, pero que parecen provenir del encuentro con las cosas, un encuentro que algún crítico ha denominado “animismo marxista”. En la obra de Vilas los objetos desechados de este mundo tardocapitalista adquieren una significación esencial, su propia alma. “El pasado son muebles, pasillos, casas, pisos, cocinas, camas, alfombras, camisas. Camisas que se pusieron los muertos”. En estos “prodigios baratos” se resume la historia de la clase media baja, cuya historia, a través de la historia de su familia, nos cuenta Vilas en Ordesa.

Se ha dicho que Vilas ha escrito Ordesa en estado de gracia y en su prosa se nota, para bien, que Vilas es poeta, y no solo por los poemas que incluye al final, sino porque su mirada no es la del realismo de lo evidente, sino la de quien busca el lado paradójico, que se desenvuelve también en un estilo en que el ritmo de los sucesos se acompasa no a lo que ocurre sino a lo que dice sobre lo que sucede.

Por último, ante un libro tan franco y descarnado como Ordesa, cabe hablar de la autenticidad y la veracidad. Precisamente Vilas en un artículo bien reciente habla de que no se siente cómodo con la etiqueta autoficción que algún crítico ha colocado en su libro porque la autoficción tiene un carácter lúdico y fantasioso que su libro no tiene. Comenta Vilas la aparición de numerosas obras de lo que podría llamarse “literatura del yo”, en el que los autores muestran sin pudor el amor a sus padres y manifiestan una obsesiva curiosidad por sus vidas.

Por mi parte, –dirá Vilas–  en mi novela Ordesa quise reflejar la belleza y la poesía que hubo en las vidas de la generación de hombres y mujeres nacidos en los años treinta, la edad de mis padres. Hombres y mujeres que no tuvieron acceso a la cultura. Pero que sí estuvieron vivos. Porque sus vidas fueron buenas, eso quise hacer yo en Ordesa: mostrar la impúdica poesía de los desfavorecidos de la historia de España.”

PARA SABER MÁS

Aquí podéis ver una entrevista realizada a Manuel Vilas en Canal Saturno, el programa cultural de Aragón Televisión:

Si os interesa saber qué está leyendo en este momento Manuel Vilas, el programa Canal Steiner nos ofrece esta entrevista:

CALENDARIO DE SESIONES

Este es el calendario de las sesiones de nuestro grupo. Nuestra siguiente reunión será el 14 de mayo, lunes, a las 19.00 en la Biblioteca.

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LOS LIBROS DE ESTE CURSO

Si no habéis podido venir a las sesiones presenciales, pero queréis seguir las lecturas que hemos realizado este año, podéis consultarlas aquí:

 

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