Ánima de Wajdi Mouawad

El pasado lunes, 16 de noviembre, celebramos nuestra segunda reunión del Grupo de lectura Leer juntos, hoy. En esta sesión comentamos Una mujer en Berlín y Carmen Delgado nos propuso la lectura de Ánima de Wajdi Mouawad. Para facilitarnos la tarea elaboró dos documentos: nuestra habitual guía para orientar la lectura y un “Bestiario” con los animales que aparecen en la novela.

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ÁNIMA de Wajdi Mouawad

mouawad (3)Mouawad nació en 1968.  Es hijo de un palestino cristiano maronita exilado en  Beirut y al final de la primera fase de la guerra de Líbano, su familia se exilió en Francia (1977). Ese mismo año, a los nueve años, ya en Francia, salió a la calle para “bailar la muerte de un hombre”, un  líder izquierdista druso. Años más tarde fue consciente de lo que aquello significaba:   “Fui un niño muy querido pero me educaron para odiar a los demás. Los musulmanes, chiíes, suníes, drusos, palestinos, judíos… a todos por igual”. Este odio “me pareció una profunda injusticia, de la que encima yo era el verdugo. La voluntad de escribir surge de ese sentimiento” (Babelia, 8-2-2014).

Cuando era niño vio cómo las milicias cristianas  incendiaron un autobús con palestinos en su interior, para vengar la muerte de un dirigente maronita. Esta visión es una de las causas que le llevaron a la escritura (El protagonista de Ánima es un palestino).  En Francia, a pesar de desear con todas sus fuerzas tener un nombre francés,  fue un “integrado feliz” y un excelente estudiante. Seis años después  de llegar a París su familia marchó a  Quebec, pues el gobierno francés no renovó sus permisos de residencia.  A principios de los 90 se graduó en Artes Escénicas (Montreal)  regresó a Europa convertido en dramaturgo de éxito y actualmente vive en Tolouse. Gracias al exilio, a pesar de lo doloroso,  “escapé a los círculos viciosos en los que fui criado”. En varias entrevistas Mouawad se ha preguntado cómo hubiera sido su vida de haber permanecido en Líbano.

A los veinte años,  en Montreal, empezó a leer  a los griegos (Homero y, especialmente, Sófocles).  Descubrió a los grandes trágicos. De su vida y sus lecturas  deriva una obra llena de jóvenes marcados por la tragedia (cuyos nombres, sin excepción, comienzan por W) aun sin haberla vivido. Todos ellos se dan cuenta  en un momento determinado que necesitan ajustar cuentas con su pasado, que indefectiblemente lleva a Oriente Próximo (“Quitadme la tierra de encima, quiso gritar, como el día ya lejano en que unos hombres lo enterraron vivo”).

Obra

Wajdi Mouawad  llegó a la escritura por casualidad, cuando un profesor le sugirió  fingir como si fuera un artista.  Dramaturgo, editor, director de teatro, actor, narrador, es esencialmente conocido por su obra teatral, especialmente por Incendios, (llevada al cine).

Su debut en el teatro se produjo en 1996, con  Alphonse, a la que siguieron   Littoral, (1999), Rêves, (2002). Incendies, (2003) supuso el reconocimiento como dramaturgo por parte del público y de la crítica. Posteriormente ha estrenado Forêts, (2006). Ha dirigido alguna de las obras anteriores (Littoral, Rêves, Ciels, Seuls) y numerosas obras clásicas.  En 2010  Denis Villeneuve llevó a la gran pantalla Incendies, que  compitió por el  Óscar a la mejor película extranjera en 2011.

Ánima es su segunda novela. Cuando empezó a escribir, ser novelista era su sueño, pero vio que era la novela  era  “demasiado lenta”. La escritura de Ánima le ha llevado 14 años.

Ánima (2014)

La lectura de Ánima no es diversión, es un espejo en el  que se reflejan todas las gamas de la abyección, toda la monstruosidad que, a diferencia de los animales, la especie humana es capaz de albergar.

La obra comienza una escena de violencia extraña: un crimen  cometido en Montreal.  El horror aparece pronto, en la primera página. Es el brutal asesinato de Léoni, la esposa de Wahhch Debch, que lo  lanza a la búsqueda del asesino (Wolf), pero no con la intención de matarlo. Es un inicio sorprendente, no solo por la violencia sino también porque quien nos los cuenta es alguien completamente ajeno a lo sucedido: felis sylvestris catus carthusianorum, gato doméstico, que pronto cede la palabra a passer domesticus, gorrión,  y así sucesivamente.  Cuando Wahhch queda privado de la palabra, son los animales quienes hablan.

Para evocar lo monstruoso de los hombres, el autor hace hablar a las bestias  («No todos los humanos son trampas, no todos son veneno, quiero decir con esto que no todos son humanos, algunos no han sido infectados por la gangrena». Habla la rata común) y consigue darles voz sin caer nunca en la caricatura, entre otras cosas gracias a la elegancia de su prosa.  Se trata de una prosa elegante y exquisita, salpicada de elementos simbólicos, prosa sonora, lírica, rítmica, que contrasta con la brutalidad de lo narrado, con claros ecos de McCarthy (La carretera) y de Faulkner, que también recurren a la belleza del lenguaje  para contraponerlo al espanto.

Voz narrativa casi cinematográfica, en boca de todo tipo de animales, desde grandes mamíferos (chimpancé, coyote…) hasta insectos (mosquito del dengue). Nada es inocente en la novela, ninguna voz sobra, y  tampoco es inocente el  orden de aparición de los narradores, que culmina con el gran depredador, el hombre. Con una prosa habilísima (y una excelente traducción) Wadji Mouawad  es capaz de modular las  diferentes voces que se turnan para contar,  en este orden: BESTIAE VERAE (Animales domésticos), BESTIAE FABULOSAE (Animales salvajes), CANIS LUPUS LUPUS. (Maxon Dixie Line. Animal tótem de Wahhch) y  HOMO SAPIENS SAPIENS.  Coroner Aubert Chagnon.

Este sorprendente comienzo nos conduce a la obsesiva e hipnótica búsqueda de Wahhch.  Wahhch Debch, personaje  enigmático (el sentido de su nombre no se desvela, para el lector no árabe, hasta muy avanzada la novela), inquietante, extranjero en el sentido “camusiano” del término. Su búsqueda lo  encauza a  su infancia en el Líbano (Sabra y Chatila),  y teje, como la araña,  hilos entre los hombres, las guerras y el idioma, puesto que la novela combina varios idiomas.  Buscando, recorre la reserva de indios mohawk de Akwesasne  entre Estados Unidos y  las provincias canadienses de Ontario y Quebec. Descubre que en los estados fronterizos  americanos existen ciudades con nombres como Lebanon o Jerusalem. Es una geografía alternativa  y cuando el protagonista llega a Lebanon, el lector (lector lectoransis domesticus) intuye  que la acción se combina en dos niveles: la caza del asesino  y el esclarecimiento de la infancia de Wahhch, encarnados en dos hombres que han optado por la violencia extrema respuesta a la vida, haciendo de la tierra un anticipo del infierno: el asesino de su esposa y el de su familia. Todo ello nos conduce a las masacres de Sabra y Chatila, que en un principio parecían tangenciales y que son el centro de la novela:

«Yo nací hace tiempo de una masacre, mi familia fue degollada contra el muro de nuestro jardín, y hoy, años después, a miles de kilómetros de allí, la maquinaria de la sangre parece haberse puesto de nuevo en marcha.»

Conforme toman la palabra Maxon Dixie Line (Canis lupus lupus) y el Coroner (homo sapiens sapiens)  la verdad y el horror salen a la superficie, y se hace evidente lo que a Mouawad siempre le ha obsesionado: la identidad, los orígenes y la memoria, la herencia genética, la redención imposible, lo absurdo de algunas amnistías.  Se trata de un viaje a las tinieblas que significa una doble búsqueda. Y entre las reserva mohawk y las reservas de Sabra y Chatila (1982) solo hay treinta años de diferencia.

EL BESTIARIO

Carmen Delgado ha elaborado un bestiario de la novela para facilitarnos la lectura. Lo podéis descargar aquí:

Bestiario

O bien verlo aquí

PARA SABER MÁS…

ENTREVISTA CON WAJDI MOUAWAD