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El Decamerón: un libro que surgió de una pandemia

¿Os apetece leer una obra que surgió, precisamente, en una terrible pandemia?

El Decamerón de Giovanni Boccacio tiene como marco narrativo el terrible estallido de peste negra de 1348 en Florencia, hecho que obliga a los diez personajes a retirarse a una mansión campestre, donde deciden contar relatos para amenizar el tiempo que han de pasar allí encerrados.

Pero antes de seguir, vamos a conocer un poco más a este famosísimo escritor italiano. Vamos allá.

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Giovanni Boccaccio es uno de los autores italianos más importantes del siglo XIV. De su biografía sabemos que nació en 1313, probablemente en Certaldo, una pequeña villa cercana a Florencia. Al parecer, Boccaccio fue hijo ilegítimo de un agente comercial al servicio de los Bardi, una de las familias de banqueros más poderosas de toda Italia. Gracias al éxito mercantil e incluso político de su padre, Boccaccio pudo disfrutar  de una infancia acomodada y de una esmerada educación.

Su padre intentó encaminar a su hijo, de excepcional precocidad en el conocimiento de los clásicos, hacia la vida mercantil; sin conseguirlo, pues el muchacho se sintió atraído hacia la poesía “desde el vientre mismo de su madre”, dice él tomando como modelo las palabras que el latino Ovidio se había atribuido a sí mismo, en la controversia  con su propio padre, que intentaba alejarle de la tarea de los versos.

Más adelante fue enviado a  Nápoles, donde antes que el aprendizaje de los negocios, Boccaccio se dedicó a la intensa vida literaria y cortesana que la ciudad le brindaba, así como el estudio de los antiguos:

Cuando contaba catorce años, se trasladó con su familia a Nápoles.

“Yo he vivido desde mi niñez hasta mi madurez en Nápoles, junto a jóvenes nobles de mi edad, los cuales, aun siendo nobles, no se avergonzaban ni de entrar en mi casa ni de hacerme una visita. Veían que yo […] vivía bastante acomodadamente, como solemos vivir los florentinos;  veían mi casa y mi enseres que, de acuerdo con mis posibilidades, eran bastante espléndidos.”

Giovanni Boccaccio: Epístola XII

También allí conoció  al mujer que sería el objeto de sus tormentosos amores, identificada como María de Aquino, y a la que llamó Fiammetta –nombre derivado de fiamma, llama– que constituye un vivo contraste humano y realista, con Beatriz y Laura.

Llamado por su padre en quiebra, Giovanni Boccaccio regresó a Florencia en 1340. Allí, frente al esplendor de la corte napolitana, descubrió la crisis económica que, desde 1345, atravesaba la ciudad. Esta crisis, agravada en 1348 a causa de la peste negra, causó una honda impresión en el autor, quien justo un año después comienza la redacción de su gran obra, el Decamerón. De esta época data su amistad con Petrarca, al que siempre consideró su maestro –magister es el nombre que siempre le dedica– no solo intelectual, y con quien intercambió, por carta o por largas visitas, descubrimientos filológicos y debatió sobre literatura (por ejemplo, sobre el valor de la poesía de Dante o la supremacía del griego sobre el latín) o sobre política (Boccaccio era un burgués demócrata –güelfo– y Petrarca tenía preferencias por el aristocratismo gibelino).

Boccaccio leyendo el Decamerón a la reina Joanna de Nápoles.

Concluido el Decamerón en 1351, Boccaccio compaginó su actividad literaria con el estudio filológico y la realizacion de diversas tareas diplomáticas. En los últimos años de su vida sufrió una fuerte crisis religiosa que le llevó a plantearse hacerse monje y a quemar sus obras profanas, cosas que finalmente no llevó a efecto. También sufrió reveses políticos, que le hicieron retirarse a su pueblo natal de Certaldo, cerca de Florencia, aunque fue posteriormente rehabilitado. El 21 de diciembre de 1375 el autor fallecía en la villa de Certaldo, considerado ya la tercera gran figura literaria de su tiempo.

La obra de Boccaccio puede dividirse en dos grandes grupos de composiciones: textos literarios en toscano y textos eruditos en latín. Los primeros fueron compuestos, en su mayoría, antes de 1345 –con la excepción del Decamerón–, mientras que los segundos ocuparon prácticamente la totalidad de su vida en Florencia.

Las obras latinas y los opúsculos en vulgar

Entre sus obras en vulgar destacan las obras juveniles el FilostratoVencido de amor, según traducía Boccaccio-, que es una evocación en octavas reales de la historia troyana de Troilo y Crésida, rica en tonos eróticos al gusto de la frívola sociedad napolitana, y el FilocoloFatigas de amor–, donde recrea en prosa la historia medieval de Flores y Blancaflor, combinada con ecos de Ovidio.

De su época florentina destacan algunas obras pioneras del tema pastoril —Comedia de las ninfas florentinas– que servirá de inspiración para La Arcadia de Sannazaro, y el Ninfale Fiesolano, representación mítica de carácter helenizante que influyó sobre Poliziano, ambos autores de finales de la siguiente centuria. También son interesantes L”Amorosa visione y La Teseida, larguísimo poema narrativo, igualmente en octavas reales, donde se cuentan los amores y las luchas de Teseo y las amazonas.

Por último, dos obras: la Elegía di Madonna Fiammetta, escrita hacia 1443, que constituye el primer ensayo de novela psicológica en ambientes burgueses y realistas, y donde narra su historia amorosa con Fiammetta, invirtiendo los papeles y haciendo que la joven exprese el dolor por el abandono de su amante. En esta obra se analizan las penas de amor de la protagonista: Fortuna y Venus arrastran a la heroína de la felicidad a la desgracia, que la lleva a la pérdida de la juventud y hermosura y al suicidio frustrado. La Elegia di Madonna Fiammetta constituye el primer caso en la literatura moderna en el que la mujer es protagonista y con ella se inaugura el análisis introspectivo en las letras italianas y europeas:

“Este pues, oh piadosísimas señoras, fue aquel que mi corazón con loca estimación entre tantos nobles, hermosos y valerosos jóvenes cuantos no solamente allí presentes sino más aún en toda Parténopa (Nápoles) habla, el primero, el último y el único elegí por señor de mi vida; este fue aquel a quien amé y amo más que a ninguno otro; este fue aquel que debía ser principio y ocasión de mi mal y, como creo, de dañina muerte.  

Ese fue aquel día primero en el que de libre señora me convertí en miserabilísima sierva, este fue aquel día primero en que amor, antes nunca conocido, conocí; este fue aquel día en el que primeramente los venéreos venenos me contaminaron el puro y casto pecho. ¡Ay de mí, mísera! ¡Cuánto mal vino por mí al mundo en tal día! ¡Ay de mí! ¡Cuánto pesar y angustia estarían lejos de mí si en tinieblas se hubiese mudado tal día! ¡Ay de mí, mísera! ¡Cuán enemigo de mi honor fue aquel día!  Pero ¿qué? Las pasadas cosas mal hechas se pueden mucho más fácilmente maldecir que entender. Fui presa, tal como he dicho, y cualquiera que fuese aquella infernal furia o enemiga fortuna que a mi casta felicidad tuviese envidia, insidiándola, aquel día se pudo alegrar con esperanza de infalible victoria.

Sorprendida, pues, por la rara pasión, como atónita y fuera de mí estaba sentada entre las mujeres y los sagrados oficios, apenas oídos que no escuchados, dejaba pasar, y semejantemente los razonamientos diversos de mis compañeros. Y de tal modo tenía ocupada la mente del raro y súbito amor que, o con los ojos o con el pensamiento, siempre al joven amado miraba y dentro de mí misma no sabía qué fin pedía a un ferviente deseo.

Oh cuántas veces, deseosa de vérmelo más cerca maldije que se quedase detrás de los otros, juzgando tibieza aquello que usaba como cautela; y ya me molestaban los jóvenes que estaban delante de él, de los cuales, mientras yo entre ellos y mi entendimiento miraba algunos creyéndose que en ella terminase mi mirada, creyeron tal vez ser amados por mí.

Pero, mientras en tales términos estaban mis pensamientos, se terminó el solemne oficio y ya para salir estaban mis compañeras levantadas cuando yo, habiendo llamado a mí el alma que en torno a la imagen del apreciado joven andaba vagando, me apercibí. Levantándome, pues, con las otras, y volviendo a él los ojos, en sus actos vi lo que yo en los míos me aprestaba a mostrar y mostré; esto es, que partir me dolía. Pero después de algún suspiro, ignorando quién fuese él, me fui.”

El Corbaccio, de hacia 1455,  es una violenta sátira antifemenina, que se inserta en la tradición misógina que, junto con la estilización de la mujer propuesta por el amor cortés, recorre la literatura bajomedieval, y que tendrá un eco español en el Arcipreste de Talavera.

Boccaccio, llevado por su admiración por Dante, realizó un comentario de los diecisiete primeros cantos del Infierno dantesco, que pusieron las bases para los siguientes estudios sobre la Comedia.

De igual manera que Petrarca, Boccaccio debió la fama y el prestigio entre los intelectuales de su tiempo a sus tratados en latín, entre los que sobresalen una serie de monumentales obras enciclopédicas en las que muestra su vasta erudición sobre la antigüedad a partir de un enorme trabajo de fuentes, y en las que trabajó durante sus últimos años. Destacan la Genalogiis deorum gentilium, el primer tratado sobre mitología griega; De casibus virorum ilustrium, ejemplos de hombres ilustres desde la antigüedad a su propio tiempo, que fueron abatidos por la Fortuna escrito con una clara finalidad moralizante, o De claribus mulieribus, una serie de biografías de mujeres ilustres.

El Decamerón

La obra, sin embargo, que coloca a Boccacio en el altísimo lugar que ocupa en la literatura contemporánea, como creador del relato novelesco en prosa, es su recopilación de cien cuentos, el Decamerón, obra en la que el autor trabajó  a partir de 1348 y empezó a difundirse a mediados de la siguiente década.

Como es sabido, decamerón significa ‘diez días’ en griego. La obra se inicia con una dedicatoria a los lectores, pues Boccaccio se dirige a un público preferentemente femenino:

“¿Y quién podría negar que, por pequeño que sea, no convenga mucho más claro a las amables mujeres que a los hombres ? Ellas esconden en sus delicados pechos, pudorosos y avergonzados, las llamas de su amor, cuya fuerza es mejor que la de los visibles, como saben cuantos las han probado y las prueban. Además de esto, las mujeres […] viven la mayoría del tiempo encerradas en el círculo de sus estancias […] entregándose a diversos pensamientos que no siempre pueden ser alegres.

El significado del título  nos da el primer dato importante sobre su estructura interna: se trata de una colección de cien cuentos, distribuidos en diez jornadas y explicados por diez narradores (siete mujeres y tres hombres).

Para no hacer de su colección una mera sarta de relatos, Boccaccio imagina un marco narrativo donde estas obras se insertan, componiendo una vasta y coherente arquitectura.

En el prólogo de la obra el autor ofrece un pavoroso cuadro de la peste negra en Florencia en 1348, narrando las consecuencias devastadoras para la moral y las costumbres y presentando un sombrío panorama de degradación humana.

 

Narra luego el encuentro de siete jóvenes y nobles damas que, habiendo perdido a sus familias, deciden abandonar la ciudad y retirarse al campo, para lo que buscan la compañía de tres amigos, también de elevados sentimientos. Llegados a un palacio campestre se proponen llevar una vida noble y bella, atenta a normas de cortesía, en medio de bailes, canciones, refinadas comidas, paseos, etc. regidos cada día por uno de ellos que impone las reglas.

Por este motivo, cada día, un rey o una reina de la reunión propone un tema sobre el que cada uno de los compañeros relatará un cuento. En este sentido, el marco narrativo del Decamerón supone una clara evolución frente a las colecciones de cuentos medievales, como Las mil y una noches, en las que el hilo conductor de todas las historias solía ser mucho más débil.

Tras quince días de retiro, los jóvenes deciden volver a la ciudad para evitar murmuraciones o que surjan entre ellos problemas debidos a la convivencia.

La obra se cierra con una invocación del autor a las jóvenes para las que dice escribir, excusándose de sus posibles deshonestidades, y defendiéndose de los  previsibles ataques o críticas  que suscitará su obra.

Los cien cuentos se articulan en una sutil progresión desde el relato de Chapeletto, en que se retrata al peor de los hombres, falsario, discordiador, descreído, que a través de una falsa confesión termina siendo considerado santo, hasta el cuento de Griselda, donde nos ofrece un sublime retrato de virtud femenina.  Amor, Fortuna e Ingenio son los tres temas sobre los que giran todos estos relatos, unidos a la presencia de la muerte trágica en la melancólica Jornada IV.

Entre los temas que abordan a lo largo de la obra, destacan los asuntos y motivos propios de la sociedad burguesa y mercantil coetánea del autor. Boccaccio retrata con agudeza los rasgos más característicos del mundo social de su tiempo y elabora retratos psicológicos sencillos, y, a la vez, eficaces, de los personajes que intervienen en los relatos.

Los cuentos pueden clasificarse en grandes grupos de acuerdo con el tema central que desarrollan. De este modo, podemos diferenciar:

  • Cuentos sobre la astucia y el ingenio, de inspiración claramente popular y folclórica.
  • Cuentos que exaltan los ideales cortesanos, admirados por Boccaccio gracias a sus vivencias napolitanas.
  • Cuentos en los que se advierte de los peligros del amor y los engaños de la mujer, donde se recogen muchos de los tópicos más habituales de la misoginia medieval.
  • Cuentos en los que se idealiza el sentimiento amoroso como una de las emociones más naturales y necesarias del ser humano.

El Decamerón fue acogido con verdadero entusiasmo entre la burguesía emergente del Trecento; alejada de la gran literatura oficial, ya fuera de índole latinizante o cortesana, apareció como un libro de amena lectura, como una obra no para ser saboreada por los literatos refinados, sino para el gozo de los lectores más comunes y más ingenuos. Los mercaderes y las mujeres constituyen el primer corrillo de lectores de una obra que no se inserta en nobles tradiciones, sino en la producción narrativa de carácter burgués o popular, difundida por vía oral como pasatiempo  cotidiano.

Se trata de una obra dirigida conscientemente y sin prejuicios al vulgo, y que apenas encontró ecos en los medios humanistas entre los que su autor figuraba como máximo representante. El mundo del Decamerón vuelve la espalda al clásico y hunde sus raíces en la realidad cotidiana de las ciudades italianas, llenas de vitalidad y pujanza.

Sus cuentos constituyen un canto al amor, a la juventud , al goce de la vida, al margen de las leyes sociales y de las hipocresías religiosas, censuradas estas severamente por su autor, en una línea  muy coherente con el pensamiento burgués, anticlerical y laico que se fomentaba en las libres ciudades italianas, en las que, con toda serie de rasgos caracterizadores, están ambientadas la mayoría de las historias.

Todo un mundo de personajes recorren estos cuentos, desde reyes a pobres e inocentes bobos de pueblo; nobles, judíos, caballeros y damas, abades y abadesas, mercaderes, mujeres de pueblo y princesas, soldados, jueces, notarios, médicos, artesanos y artistas –Giotto, Ceco Angolieri o Guido di Cavalcanti, por ejemplo–, además de una galería de personajes históricos: Saladino, Roger de Lauria, Pedro de Aragón etc., presentando sus ficciones ante el telón de fondo de la historia italiana de los siglos XIII al XIV.

El mundo varipionto y fascinante del Decamerón es claramente bifronte, cómico y trágico, vulgar y cortés, vicioso y heroico; los relatos oscilan entre la breve anécdota ingeniosa y realista, hasta narraciones más complicadas, llenas de lances y peripecias, propias del relato bizantino o caballeresco; pasando de lo chocarrero y vulgar a los más románticos y delicados sentimientos amorosos o morales, lo que se plasma no menos en el doble juego estilístico entre lo humilde y lo sublime, sin descartar las discretas apariciones de lo sobrenatural y lo mágico.

En suma, bien podemos considerar al Decamerón boccacciano, tras la Divina comedia dantesca, la primera comedia humana, anticipándonos al uso que de este nombre hizo el novelista francés Honoré de Balzac.

 “La historia de Chichibio”

Conrado Gianfigliazzi […] fue siempre en nuestra ciudad noble ciudadano, liberal y magnífico, viviendo a lo caballero, deleitándose siempre con sus perros y azores […]. Un día, Perétola, un halcón suyo, cazó una grulla muy gorda y joven, y él la mandó a un buen cocinero suyo que era veneciano y se llamaba Chichibio, diciéndole que para la cena le asase y aderezase bien. Chichibio, que era, y lo parecía, un gran mentecato, preparó la grulla, púsola al fuego y comenzó solícitamente a cocerla. Y estando ya casi cocida y despidiendo furte aroma, ocurrió que una mujercilla del barrio, llamada Brunita, de la que estaba Chichibio muy enamorado, entró en la cocina. Y advirtiendo el olor de la grulla, y viéndola, rogó a Chichibio que le diese una pata. Chichibio cantanto, le dijo:

–No la tendréis de mí, doña Brunita, no la tendréis de mí, os lo aseguro.

Y ella, amoscada, le dijo:

— Pues a fe que, si no me la das, nunca recibirás de mí cosa que te agrade.

Y, en suma, hubo muchas palabras. Al fin, Chichibio, por no enojar a su amada, cortó una de las patas de la grulla y se la dio.

Puesta, pues, ante Conrado y algunos forasteros la grulla sin pata, maravillóse Conrado e hizo llamar a Chichibio, y le preguntó qué se había hecho de la otra pata de la grulla. A lo que el embustero veneciano respondió:

— Señor, las grullas no tienen más que una pata.

Conrado, muy mohíno, dijo:

— ¿Cómo diablos no tienen más que una pata? ¿No he visto yo más grullas que esta?

–Es lo que yo os digo, señor, y cuando os plazca os lo haré ver en las vivas– dijo Chichibio.

— Ya que pretendes hacérmelo ver en las vivas, quiero verlo mañana y seré contento. Pero te juro por el cuerpo de Cristo que, si de otro modo es el caso, de tal forma te trataré que mientras vivas te acordarás de mi nombre.

Y, por aquella tarde concluyó las palabras. Y al día siguiente, al amanecer, Conrado, a quien la ira no había dejado dormir, levantose muy enojado todavía y mandó que le trajesen caballos, e hizo montar a Chichibio en un rocín y le llevó hacia un arroyo en cuya orilla solían verse grullas, y dijo solemnemente:

— Pronto veremos quién mintió ayer tarde: tú o yo.

Chichibbio, viendo que aún duraba la ira de Conrado y que le convenía acreditr su mentira, sin saber cómo hacerlo, cabalgaba medrosísimo junto a Conrado, y de buen grado hubiera huido si hubiese podido. Ora miraba a un lado, ora a otro, y todo lo que veía le parecían grullas de dos patas. Pero ya cercanos al arroyo, vieron sobre la orilla hasta doce grullas, todas sobre una pata, como hacen cuando duermen. Y, mostrándose vivamente a Chichibio, dijo:

— Bien podéis ver, señor, que ayer tarde os dije la verdad al afirmar que las grullas no tenían más que una pata y, si no, mirad esas.

–Espera un momento y te mostraré que tienen dos– dijo Conrado.

Y, acercándose algo, gritó: “¡Oh, oh!”, ante lo cual las grullas bajaron la otra pata y comenzaron a huir. Volviose, pues, Conrado a Chichibio y le dijo:

— ¿Qué te parece, bergante? ¿Tienen dos patas o no?

Chichibio, abrumado, respondió:

— Sí, señor, mas vos no gritasteis: “¡Oh, oh!” a la de ayer; que si así hubieseis gritado, a buen seguro que ella hubiera sacado la otra pata, como estas.

Tanto plugo a Conrado esta respuesta, que toda su ira se trocó en risa y algazara, y dijo:

— Razón tienes, Chichibio: de esta suerte debí hacerlo.

Y así se reconciliaron criado y señor.

El Decamerón en el cine y la televisión

El programa de RTVE Los libros dedicó uno de sus capítulos a los cuentos del Decamerón, dirigido por Pilar Miró. Podéis echarle un vistazo. Un consejo, saltad sin problema los 4 primeros minutos, si habéis leído hasta aquí, ya sabéis mucho del Decamerón y, con todos mis respetos, el señor D. Guillermo Díaz Plaja duerme a las ovejas:

En 2015 los hermanos Taviani llevaron al cine una adaptación libre de cinco cuentos del Decamerón, titulada Maravilloso Boccaccio (Paolo y Vitorio Taviani, 2015).  Todos ellos giran en torno al amor, que unido a la imaginación y a la poesía, supone el mejor antídoto para luchar contra los males. Puedes ver aquí el trailer:

Mucho antes, en 1971, el director de cine italiano Pier Paolo Pasolini, llevó a cabo una famosa adaptación de los cuentos de Boccaccio, dentro de la estética del neorrealismo italiano. La versión de Pasolini fue controvertida por su contenido erótico e irreverente.

   
[Referencias:VV.AA.: Lengua y literatura 1 Bachillerato (Libro de recursos), Madrid: Santillana (2008); Grupo Juan de Mairena, Literatura Universal, Madrid: Akal (1998); Calero Heras, José: Literatura española y universal, Barcelona: Octaedro (1999)].

Suspendida la reunión del grupo de lectura de la Biblioteca

Como sabéis todos los centros educativos de España estamos de cuarentena desde el día 16 hasta el día 28 de marzo. Por esta razón nos vemos obligadas a suspender la reunión del grupo de lectura de la Biblioteca que estaba prevista para el lunes, 23 de marzo.

En cuanto se reanude la actividad académica, volveremos a reunirnos y comentaremos  la lectura prevista, El asiento del conductor, y propondremos una nueva.

Esperamos que toda esta crisis pase pronto y podamos cuanto antes volver a nuestro trabajo habitual.

¡Hasta pronto, cuidaos mucho y, sobre todo, seguid leyendo!


 

El asiento del conductor de Muriel Spark

Con un poco de retraso, compartimos con vosotros/as la última lectura de nuestro grupo “Leer Juntos/as Miguel Catalán”. En esta ocasión, Susana Andrés nos propuso la lectura de El asiento del conductor de Muriel Spark. Este es el material que nos proporcionó en su introducción a la lectura:

MURIEL SPARK

Muriel Sarah Camberg, más conocida como Muriel Spark, nació en Edimburgo el 1 de febrero de 1918 y es considerada una de las escritoras británicas más brillantes del siglo XX.

Logró fama internacional tras publicar en 1961 La plenitud de la señorita Brodie, una novela ambientada en los años treinta que cuenta la relación de la maestra Jean Brodie con seis niñas a las que intenta educar en la libertad y en la búsqueda de la propia felicidad. Traducida a varios idiomas, fue adaptada al teatro, al cine y a la televisión. Alcanzó tal éxito que, en 2005, la revista Time la situó entre las cien mejores novelas en inglés desde 1923. Spark desarrolló una prolífica obra con otras 21 novelas, poemas, ensayos, relatos cortos y hasta su propia autobiografía.

De naturaleza inquieta, vivió y escribió en Rodesia del Sur (ahora Zimbabue) hasta donde siguió a su marido, Sidney Oswald Spark, con quien se casó a los 19 años y con el que tuvo un hijo. Tras su divorcio, volvió al Reino Unido y se estableció en Londres y trabajó en el Foreign Office, en labores de contraespionaje bélico, desde 1944. Le fue concedida la DBE (Excelentísima Orden del Imperio Británico). Posteriormente vivió en Nueva York, donde colaboró con la revista The New Yorker. Allí conoció y tuvo amistad con el escritor Graham Greene que ejerció de lector de sus obras y le echó una mano en época de penuria económica.

Hija de judío y anglicana, se convirtió al catolicismo, al igual que ocurrió con Greene, y este hecho se reflejó en su obra. Desde su conversión en 1954 vivió en Italia, primero en Roma y finalmente a la Toscana, donde pasó sus últimos días acompañada de su inseparable amiga, la escultora Penelope Jardine. Murió en Florencia el 13 de abril de 2006.

En cuanto a su obra, para algunos, ha sido la mejor escritora moderna de Escocia y para otros, está sobrevalorada, pero en ningún caso, nos dejará indiferente.

EL ASIENTO DEL CONDUCTOR (1970)

La literatura de Spark evade cualquier convencionalismo, es difícil de encasillar y, quizá, es ahí donde reside su fortaleza: irónica, elegante, mordaz, reflexiva y divertida, su legado son libros que se mantienen vigorosos y llenos de encanto. La autora recurre a sus propias experiencias de vida y las manipula a su antojo con una mirada personalísima. La levedad o lo breve de sus textos no la hacen trivial ni impiden que desmenuce con agudeza y pluma innovadora temas como la creación literaria, la religión, la muerte, el poder o las miserias humanas.

El asiento del conductor narra la historia de Lise, una turista nórdica que decide pasar sus vacaciones en un país del sur, quizás, Italia. Una serie de acontecimientos, cada cual más absurdo, llevarán a la protagonista a un trágico desenlace que se nos anticipa en las primeras páginas. Se trata de un discurso en el que el final de la historia es secundario con respecto a la trama, y en el que el cómo se convierte en principal reclamo.

Para construir su artefacto, Muriel Spark sustenta su divertida y macabra trama en varios ejes: una historia entretenida y ácida, una prosa sencilla y accesible, toques de humor y rasgos del género de novela negra. Pero detrás de esta primera superficie encontramos un análisis más profundo en el que destacan aproximaciones a diversos tipos de «locura». En este sentido, prácticamente todos los personajes que pueblan la novela tienen algún tipo de trastorno psicológico (psicosis, depresión, manías persecutorias, demencia senil, trastornos bipolares, alienación, mentirosos compulsivos…), lo cual la convierte en algo perturbador y «aterrador», como la propia Muriel Spark insinuó sobre las intenciones que le llevaron a escribir su obra.

La primera vez que leí El asiento del conductor me sentí confundida. No entendía el extraño comportamiento de su protagonista, no encontraba sentido a sus reacciones, a sus acciones. Pensé, erróneamente, que estaba perturbada, loca. Sin embargo, Lise no está loca, es una mujer muy lúcida e inteligente que tiene un plan y lo va llevando a cabo ante nuestros ojos asombrados por su excentricidad y su carácter. La maestría de la autora permite que nuestro narrador, un narrador omnisciente que conoce el desenlace, no obstante, nos muestre la información poco a poco, como el detective que se deleita en la explicación de los pasos que el criminal ha seguido para cometer el crimen. Todo tiene su sentido y, por fin, la trama se cierra con un final, que no por conocido es menos sorprendente, y que nos dará la clave para comprender el título de la novela.

Decir que El asiento del conductor es una novela perturbadora es quedarse corto. Muriel Spark teje una trama llena de pequeñas sorpresas que tienen que ver no tanto con los entresijos de la historia, sino con la fascinante idiosincrasia de la protagonista. Lise es un personaje profundo, oscuro y atrayente, lleno de facetas espeluznantes y de rasgos demasiado familiares como para no resultar inquietantes. La cuidada traducción, además, contribuye a que la prosa elegante de la autora no pierda ni un ápice de su belleza y de su fuerza. Una pequeña joya literaria que cualquier amante de los buenos libros debería disfrutar.

SABER MÁS…

Eirene Wallace realizó un documental sobre la vida y la obra de Muriel Spark para la Glasgow Women’s Library:

Muriel Spark Film by Eirene Wallace from Glasgow Women’s Library on Vimeo.

En 2018 se celebró en Edimburgo el centenario del nacimiento de la escritora como nos  informa este vídeo de la Agencia Efe:

Novedades de cine: El veredicto (La ley del menor), (Richard Eyre, 2017)

Fiona Maye (Emma Thompson) es una prestigiosa jueza del Tribunal Superior de Londres especializada en derechos familiares que atraviesa por una grave crisis matrimonial. Cuando llega a sus manos el caso de Adan (Fionn Whitehead), un adolescente con leucemia que se niega a hacerse una transfusión de sangre al ser Testigo de Jehová, Fiona descubrirá sentimientos ocultos que desconocía, y luchará para que Adan entre en razón y sobreviva

FICHA TÉCNICA

  • Título original: The children act
  • Año: 2017
  • Duración: 105 min.
  • País: Reino Unido
  • Dirección: Richard Eyre
  • Guion: Ian McEwan, la película basada en su novela La ley del menor.
  • Música: Stephen Warbeck
  • Fotografía: Andrew Dunn
  • Reparto: Emma Thompson, Stanley Tucci, Fionn Whitehead, Jason Watkins, Ben Chaplin,

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Te gustan las películas donde se tratan temas polémicos, relacionados con las creencias de las personas.

PUEDES VERLA SI…

Tienes más de 16 años.

 

Austerlitz de W. G. Sebald: nuestra próxima lectura de Leer juntas/os

El pasado lunes nos reunimos de nuevo en la Biblioteca para comentar el libro La última mano que sostuvo la mía de Maggie O’Farrell. Fue, como siempre, una sesión muy interesante.

Presentamos allí nuestra siguiente propuesta de lectura; se trata de Austerlitz de W. G. Sebald. Como comenté en la sesión la idea de leer el libro vino de un artículo de Babelia, el suplemento cultural de El País, en el que los críticos y críticas de ese suplemento elegían los 21 mejores libros del siglo XXI. Si le echáis un vistazo a la lista comprobaréis que a lo largo de estos años hemos leído muchos de estos libros en el club de lectura.

Por esa razón, y saltándome con dolor el magnífico 2666 de Roberto Bolaño, que ya leí con el grupo de lectura Leer juntos que fundé en el IES Miguel Servet, me decidí por proponer la lectura del libro que ocupa el segundo lugar entre los libros más valorados por los críticos y críticas de El País.

AUSTERLITZ de W. G. SEBALD

W. G. SEBALD

Nació en Wertach (Alemania) en 1944 y murió en el cenit de su carrera literaria en un accidente de coche a la edad de 57 años, tras sufrir un infarto. Vivió más de treinta años en Inglaterra, fue catedrático de literatura europea en la Universidad de East Anglia; también fue fundador del Centro Británico para la traducción literaria.

Pese a no poseer una obra muy extensa, pocos  autores han tenido tanto impacto en tan poco tiempo. Sus libros ya disfrutan del reconocimiento reservado a los clásicos. No hay textos menores en su producción. Todos son necesarios y perdurables. Sebald fue un escritor tardío y de obra breve que asimiló las transformaciones introducidas en la novela por los grandes reformadores del género, alumbrando una escritura refractaria a límites y clasificaciones.

La obra de Sebald transita del ensayo al relato y de la palabra a la imagen; sus planteamientos renovadores actúan como bisagra entre dos siglos, generando un nuevo espacio donde la ficción se mezcla con el testimonio y la creación se confunde con el rigor documental.

Desde su primera obra, Vértigo (1990), se planteó reinventar la expresión literaria, incorporando al texto fotografías, dibujos, libretos de ópera o documentos oficiales. Este recurso, que ya no desaparecería, se completó con una prosa introspectiva, donde la exploración del yo no excluía el aliento poético o la reconstrucción histórica. Al igual que Robert Walser, Sebald adopta la mirada del paseante, recreando viajes reales o imaginarios, donde comparecen con la misma fuerza el dato biográfico y sus recuerdos como lector, mostrando la promiscuidad entre lo vivido y lo leído.

 

 

 

 

 

 

 

Los cuatro relatos de Los emigrados (1993) concitaron el entusiasmo de la crítica y con Los anillos de Saturno (1995), un libro de viajes que refería su peregrinación por el condado de Suffolk, llegó ese reconocimiento unánime que se manifestó con especial agudeza en las palabras de Susan Sontag, según la cual ningún otro autor había conseguido evidenciar hasta qué punto “la literatura puede ser, literalmente, indispensable”.

Sobre la historia natural de la destrucción (1999) explora un aspecto ignorado y menospreciado de la II Guerra Mundial: la destrucción de las ciudades alemanas. Sebald afirma que Alemania ha cerrado los ojos, negándose a comprender las causas que desencadenaron doce años de horror y envilecimiento.

En 2001 publicó Austerlitz, de la que nos ocuparemos más adelante. Póstumamente aparecieron Campo Santo, una recopilación de ensayos, y Sin contar, un libro de miniaturas poéticas o haikus, acompañado de grabados del pintor alemán Jan Peter Tripp.

AUSTERLITZ (2001)

La última obra de Sebald pertenece enteramente al ámbito de la ficción, pero es más que una novela. En ella se combina magistralmente el ensayo, la historia, la ficción y la vida, utilizando una prosa de poderoso aliento. Pertenece, pues, a un género impreciso, que comparte los atributos de la novela con los de la crónica de viajes, la historia intelectual y la biografía.

Zoo de Amberes, donde comienza la novela.

Austerlitz es una novela sobre la búsqueda de la propia identidad, sobre la naturaleza humana y un viaje por el turbulento siglo XX. La historia, narrada con complejas y largas oraciones –la inconfundible “frase Sebald”—nos cuenta la vida de Jacques Austerlitz, un profesor de Historia de la Arquitectura que, por casualidad, conoce al narrador en Amberes. Este narrador mezcla su narración con la del propio Austerlitz y explica las largas conversaciones que mantuvo con aquel taciturno interlocutor a través de treinta años, desde finales de los años 60 a finales de la década de los 90, cuando, en periodos breves, separados por largos años de silencio e incomunicación, pasearon y conversaron sobre la vida. El autor pasa de un tema a otro sin transición alguna, intercalando digresiones sucesivas hasta convertir el relato entero en un laberinto en el que, de pronto, aparece la salida. De esta forma, mediante una estructura narrativa que recuerda a Thomas Mann o a Joyce, Austerlitz va desgranado el pasado que ha ido descubriendo.

La Estación Central de Amberes donde se produce el primer encuentro entre Austerlitz y el narrador.

La voz narradora elegida por Sebald para hilar el relato es el narrador testigo, basada en el recurso narrativo de “contar  a través de otro” que logra, por un lado, reforzar la sensación de extrañamiento y desarraigo que experimenta el propio Austerlitz y por otro, nos permite acceder lentamente al relato, implicarnos emocionalmente con la historia al compartir el mismo grado de conocimiento y empatizar con este personaje y su búsqueda identitaria.

Invierno de Lucas van Valckenborch (1595), una de las obras pictóricas a las que se alude en la novela. Austerlitz reflexiona sobre el tiempo observando la figura amarilla caída en el hielo que se aprecia a la derecha del cuadro.

Sebald levanta un edificio narrativo poético, duro, salpicado de sugerentes y misteriosas fotografías antiguas que aportan verosimilitud a un relato apasionante y reflexivo. Su maestría narrativa nos lleva por la Europa desgarrada de la II Guerra Mundial, de los guetos, de los campos de exterminio, del exilio, la posguerra y el telón de acero, hasta recalar en  el final del siglo.

Templo masónico en el Great Eastern Hotel

También es un viaje arquitectónico deslumbrante por ciudades y monumentos, estaciones de tren, palacios, balnearios y otros edificios que pueden ser calificados de no-lugares, espacios de anonimato por los que transita el protagonista sin establecer ningún tipo de conexión afectiva o de pertenencia.

Palacio de Justicia de Bruselas

Austerlitz pasa por ser la obra maestra de Sebald y seguramente lo es. En ella se encuentran todas las influencias que Pablo D’Ors enumeraba en una excelente crítica: Kafka en el destierro del personaje, Montaigne en la ironía, Hesse en el amor a la naturaleza, Bernhard en la sintaxis, Sarraute en el culto a los objetos, Sterne en el ir y venir del narrador, Goethe en el afán por el viaje y el romanticismo no barroco…

Campo de concentración de Terezin

 Austerlitz ya es un clásico, uno de esos libros necesarios que revelan el poder de la literatura para explorar las emociones, sin escamotear ese misterio inherente a la condición humana. Europa ya es inseparable de Auschwitz. Pocas obras se han acercado tanto al corazón del hombre sin pretender hallar coherencia en un territorio donde anidan el miedo y el anhelo de comprensión.

Espero que disfrutéis tanto de la lectura como yo lo he hecho. Nos vemos el próximo día 17 de febrero.

 

La primera mano que sostuvo la mía de Maggie O’Farrell

El pasado lunes nos reunimos para comentar el libro Claroscuro de Nella Larsen; como siempre, antes de comenzar, dedicamos unos minutos a presentar la siguiente lectura. Se trata en este caso de una novela de la novelista irlandesa Maggie O’Connell, titulada La primera mano que sostuvo la mía.

LA AUTORA: MAGGIE O’FARRELL

Nacida en Irlanda del Norte y criada en Gales y Escocia, Maggie O’Farrell es la autora de una extraordinaria autobiografía (Sigo aquí) en la que narra las diecisiete ocasiones en las que ha estado a punto de morir. Además de esta obra ha escrito siete novelas de las que solo tres se han traducido al castellano. Las dos primeras —La extraña desaparición de Esme Lennox e Instrucciones para una ola de calor— las editó Salamadra y la tercera, Tiene que ser aquí fue uno de los mayores éxitos de Libros del Asteroide en 2017, una novela compleja y ambiciosa, con personajes bien trabados, sobre crisis vitales y vidas superpuestas. Tras esta obra, las expectativas sobre la autora eran muy altas y su siguiente novela La primera mano que sostuvo la mía no ha decepcionado.

LA PRIMERA MANO QUE SOSTUVO LA MÍA

Escrita en 2010 y ganadora del Costa Novel Award, la novela se nutre de nuevo de los secretos y las complejas relaciones familiares para urdir una trama en torno al amor y la maternidad, el arte, la traición, el misterio y dos mujeres separadas por varias décadas en cuyas vidas confluyen extraños paralelismos.

Precisamente una de las mejores cualidades de Maggie O’Farrell como novelista es su maestría para, a modo de espirales caóticas que encuentran su sentido al final.

En la trama se alternan dos historias, que transcurren en dos tiempos históricos distintos, por un lado, se nos presenta a Alexandra (o Lexie), una chica que escapa de su hogar familiar en un pueblo de Irlanda del Norte para alejarse de lo conocido y fundirse en el mundo frenético del Londres de los años 50 y, por otro Elina, una joven artista finlandesa, afincada en el Londres contemporáneo, que acaba de dar a luz a un bebé tras un complicado parto. Ambas historias van creciendo y además se alimentan una a la otra por oposición.

En la presentación de los dos personajes femeninos, O’Farrell muestra otros de sus grandes valores como escritora: su asombrosa capacidad para adentrarse en el mundo de los sentimientos y un virtuosismo en el dominio del punto de vista y sus virajes. Por un lado, el personaje de Lexie recuerda a las heroínas de Edna 0’Brien con su libertad, su rebeldía innata y su valentía al hacer sus elecciones vitales. Por otro lado, Elina, inmersa en un estado de estupor tras un complicado parto, mientras hace frente a una maternidad que ha trastocado completamente su estilo de vida.

Además, poco a poco va cobrando más importancia la figura de Ted, el padre del bebé que Elina amamanta. Sus emociones también son complejas y abrazan desde la felicidad, la preocupación por la salud de Elina, la envidia por la relación inexpugnable que tienen madre e hijo o el complejo de inutilidad. Profundamente conmocionado por haber estado a punto de perder a su novia, comienza a revivir angustiosos recuerdos ocultos que terminarán de configurar la trama.

A lo largo de la novela, con el sutil manejo de la estructura que hemos comentado, todas las historias y los personajes se entrelazan, van conectando sus sensibilidades hasta sumergirnos en las aguas profundas de la maternidad y la primera infancia, sin por ello obviar las complejidades de la vida en pareja y de la vocación artística.

El comienzo de la novela puede desconcertar por el estilo directo con el que arranca, en un presente inmediato y  con una apelación al lector antes de introducir el escenario de los hechos: “Verás. Los árboles de esta historia empiezan a agitarse, tiemblan, se recolocan.” Y en realidad, aunque la historia alterne diversos tiempos y espacios, y se narre siempre desde una tercera persona omnisciente, mantiene un presente eterno, mostrando momentos de gran intensidad focalizados en el punto de vista de sus protagonistas y en la exactitud y ambigüedad del presente, aunque intercalado entre sí como un collage hecho de instantáneas. De este modo, nos transmite una impresión de continuum de sensaciones y dilemas vitales a través de los tiempos, efecto muy apropiado para acompañar el tema de fondo de la novela: la desmitificación –o el cuestionamiento–  de la maternidad.

La maternidad resulta un desajuste terrible para los personajes del libro y actúa como el resorte que hace que los personajes buceen en su propia identidad. Elina, agotada y perpleja, se pregunta qué le ha ocurrido en un lapso de tiempo tan corto como para haberse convertido en una mujer con un pijama sucio, llorando junto a la ventana, una mujer sacudida a menudo por el deseo de salir corriendo a la calle para pedir ayuda: que alguien la saque de ahí.  Por otro lado, Lexie, más allá de su vida de bohemia, periodismo activo y viajes, acaba teniendo un hijo también, y se encuentra con la necesidad de compaginar sus necesidades como mujer con las necesidades del bebé.

Lo que más apreciamos, en fin, en La primera mano que sostuvo la mía es la complejidad de los sentimientos y cómo estos son llevados a escena de manera magistral: la conexión madre hijo en la primera infancia que se produce entre neblinas, el niño despertando al mundo y a la memoria, la madre, trastornada, volviendo también a nacer de algún modo, sin dejar de ser ella misma; cómo permanece ese lazo como una vibración de fondo, a través de relámpagos, emociones soterradas que pueden gobernar una vida entera. Asimismo, a modo de sutiles conexiones eléctricas, de movimientos circulares infinitos, se trenzan recuerdos y vivencias en la sutil narrativa de Maggie O’Farrell.

SABER MÁS…

Podéis ver aquí la entrevista que hicieron a la autora en el programa Página 2 con motivo de la publicación de Tiene que ser aquí:

En el mismo programa, Maggie O’Farrell contesta a un cuestionario literario:

Llévate un Pack Lector para estas vacaciones

En la Biblioteca del IES Miguel Catalán os hemos preparado esta semana un “pack lector” para que lo disfrutéis durante las vacaciones de Navidad. Estos “pack” consisten en una bolsa que contiene un libro y una película relacionados entre sí.

Estos son los “packs lectores” que hemos creado hasta ahora:

Diapositiva1

Las normas de préstamo son muy básicas y os las hemos resumido aquí:

Si os apetece tomar prestado alguno de estos pack, daos prisa, porque están volando de la mesa de la Biblioteca…