Primera reunión del grupo de lectura “Leer Juntas/os Miguel Catalán”

Este lunes celebramos la primera reunión del grupo de lectura “Leer Juntas/os Miguel Catalán”. En esta primera sesión nos presentamos a los nuevos miembros del grupo y damos la bienvenida a todos y a todas.  Aprovecharemos también para recordar las características de nuestro grupo, el calendario de reuniones (que ha sido modificado) y, por supuesto, propondremos la primera lectura del grupo que, en este caso, se trata de la ganadora del Premio Herralde de novela de 2018 y una de las novelas más aclamadas por la crítica y el público el año pasado, Lectura fácil de Cristina Morales.

LECTURA FÁCIL de cristina morales

La novela ha sido publicada, tras algún que otro problema con la censura que la escritora se niega a comentar por miedo a las represalias legales, en Anagrama que publicita la obra como “un campo de batalla: contra el heteropatriarcado monógamo y blanco, contra la retórica institucional y capitalista; contra el activismo que usa los ropajes de ‘lo alternativo’ para apuntalar el statu quo. Pero también es una novela que celebra el cuerpo y la sexualidad, el deseo de y entre mujeres, la dignidad de quien es señalada con el estigma de la discapacidad y la capacidad transgresora y revolucionaria del lenguaje.” ¿Asustados/as? ¿Interesados/as? Hinquémosle el diente.

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Cristina Morales [Imagen extraída de El Mundo]

Cristina Morales (Granada, 1985) es una escritora imprescindible para entender muchos de los caminos de la novela actual en España. Licenciada en Derecho y Ciencias Políticas y especialista en Relaciones internacionales, ha disfrutado la beca de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores en 2007, la de la Fundación Han Nefkens en 2015 y la beca de escritura Montserrat Roig en 2017. Actualmente es artista residente en la Fábrica de Creación La Caldera (Barcelona) como miembro de la compañía de danza contemporánea Iniciativa Sexual Femenina.

Antes de Lectura fácil había iniciado su carrera literaria con La merienda de las niñas (La torre del Vigía, 2008) un volumen que recogía unos cuentos en los que ya se podían apreciar dos características de Morales como escritora: el atrevimiento en la elección de los temas y la sorprendente —por su juventud— madurez de su prosa. Publicó más tarde Los combatientes (Caballo de Troya, 2013), que narraba la gira de un grupo de teatro universitario, entre la transgresión y la imposibilidad política y que fue Premio INJUVE de Narrativa 2012; Malas palabras (Lumen, 2015), vindicación de una Teresa de Jesús en primera persona, sin domesticar; una excelente novela que pasó desapercibida entre los fastos del quinto centenario del nacimiento de la santa y Terroristas modernos (Candaya, 2017), en la que, partiendo del levantamiento frustrado de liberales contra Fernando VII en 1816, hace una lectura paródica de la política y la sociedad actuales. La novela que nos ocupa, Lectura fácil, obtuvo en 2018 el Premio Herralde de novela.

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El título de la novela puede llevar a equívoco porque, desde luego, la obra de Cristina Morales no es una lectura fácil. La mayor parte de la crítica se refiere a este novela como una obra incómoda, desafiante, que pone contra las cuerdas a sus lectores y lectoras al mostrar de forma descarnada las contradicciones, la ignorancia, la doble moral o la rigidez de nuestros prejuicios. Ya desde la cubierta, que plasma una pintada callejera, la novela muestra sus cartas: es una escrita contra las diversas formas, bárbaras o sutiles, de alienación y represión, contra el orden político y moral establecido y, también, contra la literatura como producto hipocalórico e inocuo.

Morales cuenta la historia de cuatro mujeres con supuesta discapacidad intelectual que viven en un piso tutelado por la Generalitat y muestran una sexualidad intensa, un lenguaje libre y una sororidad compleja. Viven en la Barcelona anarquista de la “okupación”, el moderneo subvencionado y la gentifricación, una Barcelona que podría recordar la de Pornoburka (Ediciones Cautivas, 2013) de Brigitte Vasallo, con la que comparte fiereza. Desde su existencia marginal, Patri, Marga, Nati y Àngels se revuelven en distinto grado contra el sistema que las controla creyendo asistirlas, mientras abordan y reflejan los desahucios, el machismo, la sexualidad o la precariedad moral y económica.

Lectura fácil se articula en torno a dos tramas complementarias: el proceso judicial de esterilización de Marga planteado por su tutora, la Generalitat, y el lento camino hacia la liberación de los centros de “institucionalizados” de estas cuatro mujeres, narrado en Whatsapp por una de ellas, Ángels, quien escribe una novela siguiendo las normas de un método literario de los años sesenta para acercar los clásicos de la literatura a personas con “diversidad funcional intelectual y/o del desarrollo”, denominado, precisamente, Lectura Fácil. Los capítulos de la novela de Ángels se trenzan con las declaraciones judiciales de las cuatro, actas de asambleas de ateneos libertarios, reflexiones en torno al movimiento corporal y fanzines de innegable incorrección política que permiten a Morales desarrollar un más que plausible engranaje de voces.

Construye así la autora una novela coral sobre las potentes e hilarantes voces de unas mujeres, cuya discapacidad funciona como resorte de desinhibición propia y desenmascaramiento ajeno. “Esa diversidad funcional de lo que antes se llamaba el loco o el tonto del pueblo — dirá Cristina Morales— me parece de gran potencia; […] me interesa esa gran potencia crítica que hay en los márgenes de los márgenes; y confrontar la retórica institucional con la del supuesto analfabeto.”

Con Marga entraremos en el mundo de la PAH, los ateneos libertarios, la ocupación y las asambleas desatinadas; Ángels utiliza los recursos retóricos que le proporciona el sistema (el método Lectura fácil) para narrar cómo logro salir ella misma y sacar a sus primas de una institución para discapacitados; la logorrea de Patri socava cualquier posibilidad de comunicación eficaz (es hilarante su declaración ante la jueza). Su hermana Nati es la que padece la mayor discapacidad y es la portavoz de los discursos más radicales. Ella trae consigo también el ámbito de la danza, aunque en este caso la elegancia corporal y la armonía de movimientos han sido sustituidos por las carencias y rigideces de unos discapacitados en un curso de danza terapéutica. Todos los entornos que enmarcan a estas mujeres son perfectos blancos para el despellejamiento satírico que practica Cristina Morales.

Estos personajes tienen los ingredientes para convertirse en caricaturas, o algo peor, en patéticas víctimas. Pero Morales da una vuelta de tuerca y extrema sus dobleces y la imposibilidad de interpretarlas desde dos polos artificiales: la piedad o la objetividad. Esto se aprecia especialmente en el personaje de Nati, sobre el que recae el peso de la intencionalidad política de la novela. Una novelista convencional no habría dejado pasar la oportunidad de convertir a Nati en un personaje positivo, una víctima del sistema, una heroína; pero Nati es la “más discapacitada” de las cuatro: una delirante furiosa que no comulga ni con el menor aspecto del sistema en el que vive y no tiene problema en formularlo de una forma casi kamikaze. Un ejemplo: “La clave, digo, no está en la ridícula vida cívica sino en su constatación, en darse cuenta de que una está haciendo lo que le mandan desde que se levanta hasta que se acuesta y hasta acostada obedece, porque una duerme siete u ocho horas entre semana y diez o doce los fines de semana, y duerme del tirón, sin permitirse vigilias, y duerme de noche, sin permitirse siestas, y no dormir las horas mandadas se considera una tara: insomnio, narcolepsia, vagancia, depresión, estrés”. Otro, sobre hacer cola en un comercio: “¡Hacer uno cola para pagar en vez de ellos hacer cola para cobrarte es el colmo de la alienación!”.

Morales no toma partido por ninguna de las protagonistas en particular, trabaja para un cuerpo mayor. La verdad de la novelista no es la de una sola vez sino la proliferación de planos narrativos que dan cabida a la vez a lo acertado y al disparate, al dolor y a la risa.

La genialidad de Morales se manifiesta en su intuición para convertir un material tan difícil en una hilarante, tristísima, sorprendente y eficaz novela realista: hacía mucho tiempo que no aparecía una obra más realista en su discurso social y menos convencionalmente realista en su escritura. Por eso, Lectura fácil es un hito de la novela reciente en castellano.

PARA SABER MÁS…

ENTREVISTAS

El programa de RTVE Página 2 entrevistó a Cristina Morales:

La autora visitó el Espacio Fundación Telefónica para presentar  Lectura fácil:

 

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