Nada se opone a la noche de Delphine de Vigan

El pasado lunes nos reunimos para comentar La cena de Herman Koch, antes, como siempre, presentamos la siguiente lectura. En este caso vamos a leer una novela de la escritora francesa Delphine de Vigan titulada Nada se opone a la noche. Carmen Delgado, que no pudo asistir a la sesión, nos preparó el documento para introducir la lectura.

NADA SE OPONE A LA NOCHE

DELPHINE1

“No estoy segura de que la escritura me permita llegar más allá de la constatación de una derrota”.

Delphine de Vigan nació en las inmediaciones de París en 1966, en el seno de una familia, cuando menos “difícil”, hecho que cuenta detalladamente en la novela que nos ocupa.
Tras varios pequeños empleos,  retomó los estudios que había abandonado y se licenció en Recursos Humanos y comunicación interna. Actualmente, Delphine de Vigan  es madre de dos hijos y vive de la literatura desde 2007.

Se inició  como novelista en 2001, año en el que publicó (bajo el seudónimo de Lou Delvig)  Días sin hambre, en la que cuenta su lucha contra la anorexia.  Publicó su siguiente obra, No y yo, en 2007, ya bajo su verdadero nombre, que pronto se convirtió en bestseller, que recibió el Premio de los libreros y fue llevada a la pantalla por Zabou Breitman en 2010. Su siguiente novela, Las horas subterráneas, 2009, tuvo una gran acogida,  fue seleccionada para el premio Goncourt y obtuvo el Premio de los lectores de Córcega.

Nada se opone a la noche (2011), su última novela, ha obtenido el Premio de novela FNAC, el Premio de novela de las Televisiones Francesas, el Premio Renaudot de los Institutos de Francia, el Gran Premio de la Heroina Madame Figaro y el Gran Premio de las Lectoras de Elle.

Ha tenido un éxito arrollador en Francia, donde ha superado el medio millón de ejemplares y ha estado durante muchos meses en la lista de las novelas más vendidas.

 Nada se opone a la noche

La narración comienza cuando la autora y narradora encuentra el cadáver de su madre. Y comienza su  autopsia física y espiritual: su titánica lucha contra la noche (de ahí el título, extraído de una  balada del cantante francés  Alain Basung, Osez Joséphine) y la idea de que la locura es un obstáculo para la creación y no un estímulo.

La novela tiene una estructura circular: comienza y finaliza  con el encuentro  de Delphine del cadáver de su madre. Y ahí comienza la reconstrucción de la vida de Lucile, niña precoz y bellísima  y todo el proceso de autodestrucción que le conduce al suicidio.

En esa reconstrucción del pasado, la autora  traza un recorrido por la historia de su familia, desde los abuelos Poirier y su numerosa prole  en la Francia de la posguerra,  en la que junto a momentos de felicidad se viven varias tragedias y algunos episodios turbios y oscuros. A través de este recorrido, Delphine de Vigan  no solo busca una reconstrucción biográfica, sino las claves de la locura de su madre  que también marcaron su vida desde joven.  Para ello busca en la memoria familiar, a través de entrevistas, fotografías, grabaciones y otros documentos. Y siempre guiada por la intuición de  que hubo algo concreto, algo más allá de las desgracias cotidianas, que actuó como el desencadenante de la locura de su madre.

Ya hemos señalado que la novela tiene estructura circular. Consta de tres partes muy diferenciadas: En la primera, se narra en tercera persona la infancia de Lucile, sus hermanos y la relación de todos ellos con sus padres, Liane y Georges. La segunda parte retoma la primera persona que había presentado la novela: Delphine cuenta su nacimiento y el  de su hermana. Se detiene en la inestabilidad sentimental y laboral de su madre y su carrera imparable hacia la locura. La tercera parte  se narran los últimos años de Lucile, ya abuela, sus recuperaciones emocionales, su tesón, su valentía y las recaídas que anuncian un final que conocemos desde el principio.

 La narración se mueve inicialmente en dos planos: la reconstrucción de la infancia de su  madre y sus hermanos, en paralelo con los sentimientos y las dificultades que van acechando durante la escritura, con todas las dudas que van surgiendo a medida que interroga e indaga en la historia familiar.

Nada se opone a la noche se encuentra entre esas obras (de la misma manera que HHhH, de Laurent Binet)  que intentan excluir la ficción en la medida de sus posibilidades, sin excluir la literatura. Con una escritura desnuda y penetrante, Delphine de Vigan  nos lleva a través de tres generaciones francesas, centrándose en la vida de su madre  (Lucile Poirier) a la que una mañana y cuando esta  tiene sesenta años, encuentra muerta en su cama. A lo largo de la novela asistimos al desmoronamiento de Lucile, mujer bellísima, inteligente y bipolar.

Según la autora, la novela se inició con una tentativa fallida de ficción. Aunque se trate de la parte más endeble del relato, es necesaria, ya que además de contar la  relación de la autora con su madre, niega la posibilidad de la objetividad. (En este punto es necesario alabar la honestidad de la autora, especialmente si tenemos en cuenta que el punto de partida de la novela es un tabú: el suicidio de tu madre). Tendría que haber renunciado a la tercera persona (recurso narrativo que enmascara la subjetividad) y eliminar uno de los asuntos claves de la novela: el hecho de que los problemas de la narración son también materia narrativa. A la vez que nos adentramos en la vida de los personajes la autora nos va informando de las vicisitudes de su escritura, de los momentos en los que  se detiene porque ha tocado materia dura. Las reservas de Delphine de Vigan tanto a hacer ficción con la historia de su madre como a dar solo su versión, tienen como destinatario al lector, pero también a la familia Poirier, sabedora de que uno de sus miembros  está escribiendo sobre el clan (y amenazándolo). De ahí sus constantes disculpas, ya que, al fin y al cabo está explicitando el tarquín que se esconde tras una fachada impoluta.

Estamos ante un relato que escribe sobre otros relatos, a los manipula conscientemente para conocer la razón última de la locura de Lucile. La autora duda de haberlo conseguido, no se consigue,  aunque es difícil no relacionar el desequilibrio de Lucile con la monstruosidad de su progenitor.

Con este novela de Vigan busca “regalarle un ataúd de papel (…). Pero también sé que a través de la escritura busco el origen de su sufrimiento, como si existiese un momento preciso en el que el núcleo de su persona hubiese sido mellado de forma definitiva e irreparable, y no puedo ignorar hasta qué punto esta búsqueda, no contenta con ser difícil, es vana”.

La muchacha de la portada es Lucile, la madre de Delphine de Vigan, y su esplendor no presagia el abismo en el posiblemente ya se estaba hundiendo.  Y es una imagen necesaria, a la que tendremos que volver a lo largo de la lectura.

LA CANCIÓN QUE DA NOMBRE  A LA NOVELA

Algunos de vosotros comentasteis que os ha gustado la idea de incluir música para leer los libros que recomendamos en el club de lectura. Esta novela tiene ya su propia música, ya que, como se ha indicado antes, el título procede de la canción de Alain Bashung, Osez Josephine. La podéis oír aquí:

PARA SABER MÁS

Podéis ver y oír a la autora de la novela en esta entrevista realizada a propósito de la publicación de Días sin hambre. La autora habla de esta obra y de otras muchas cosas interesantes. La entrevista está subtitulada en castellano.

 

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