Primera reunión del grupo de lectura de la Biblioteca del IES Miguel Catalán

Ayer tuvimos la primera reunión del grupo de lectura de la Biblioteca del IES Miguel Catalán. Aunque lamentamos que, finalmente, no haya surgido un grupo de alumnos de 1º a 3º, estamos muy contentos de la respuesta de padres, profesores y algunas alumnas valientes a la convocatoria del grupo de lectura. Agradecemos desde aquí a todos su presencia y animamos a los que todavía no se han decidido a que vengan a compartir con nosotros sus opiniones sobre las lecturas.

El primer libro que vamos a comentar es Desgracia de John Maxwell Coetzee. Carmen Delgado, profesora de Lengua castellana y literatura del IES, nos presentó la lectura, acompañada de  un material bibliográfico, basado en su mayoría en el elaborado por el profesor Julio Salvador para el grupo de lectura del IES Miguel Servet.

Todo el material que se entrega en las sesiones del grupo, así como otros (vídeos, audios, etc.) relacionados con la lectura  se podrán encontrar aquí en el blog de la Biblioteca.

Recordad que la próxima reunión del grupo tendrá lugar el lunes, 19 de noviembre, a las 19.00 en la Biblioteca del Centro. Os esperamos a todos.

DESGRACIA de j.m. coetzee

librosyliteratura.com

1.     HISTORIA Y SOCIEDAD DE “SURÁFRICA”

“¿Y por qué Ciudad del Cabo? Sólo una razón: porque puede afirmarse que allí empezó de una manera decidida la ambición del hombre blanco por convertir el continente en un territorio propio, por arrebatar al hombre negro la posesión de la tierra y la explotación de sus inmensas riquezas (…) Fue en El Cabo donde comenzó, por llamarlo de alguna manera, la conquista de África. Y fue en El Cabo donde se inició una historia de tres siglos de guerras, de opresión, de sangre y de lágrimas.(…)Los bóers se sentían conducidos a aquellas tierras por una suerte de destino manifiesto, de pueblo elegido por Dios. Eran fuertes, independientes, valerosos, racistas virulentos y sólo leían la Biblia. Eran, en definitiva, unos verdaderos asnos, con una pistola en la mano y la Biblia en la otra. Con ellos nació entonces el espíritu del apartheid que tanta sangre costaría en Suráfrica.”
Javier Reverte. Vagabundo en África

Los afrikáners (o boers u holandeses del Cabo de Buena Esperanza) forman una etnia de origen germánico asentada en territorios de Sudáfrica y de Namibia. Su identidad se basa en la lengua afrikaans, criolla del neerlandés (también llamada holandés), y la religión calvinista.

La comunidad afrikáner tuvo su origen en la colonización holandesa del área del Cabo de Buena Esperanza de mediados del XVII. En 1795, El Reino Unido venció a Holanda y se apoderó de Ciudad del Cabo. Entonces, los afrikáners emigraron hacia el Este y el Norte y, luchando contra los bantúes y los británicos, fundaron varias repúblicas independientes, que serían aplastadas por el Reino Unido entre 1899-1902). En 1910, los británicos fundaron la Unión Sudafricana. En 1913 comienza una cadena de normas con el Black LandAct, por el que la población negra podía ser desposeída de sus tierras. Entre 1934 y 1939, los blancos angloparlantes y los afrikáners formaron un Partido Unificado, roto cuando los afrikáners más conservadores simpatizaron con el nazismo. En 1948, el Partido Nacional bóer ganó las elecciones y radicalizó progresivamente el apartheid (separación de hábitat y educación entre blancos y negros, privación a éstos del voto y de la libertad de movimientos). En 1961, se declaró la República de Sudáfrica, independiente de Gran Bretaña y “autoexcluida” de la Commonwealth.

En 1990, la presión internacional (en concreto la asfixia económica) promovió un cambio legislativo antirracista que culminó en 1994 con las primeras elecciones democráticas, ganadas por  del Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela. Casi 80 años en los que se prohibió la mezcla de razas y se dividió el país entre blancos, mestizos, indios y negros. Tras el fin del apartheid, los afrikáners -el 7% de la población de Sudáfrica-, han quedado reducidos a una minoría sin ningún poder político.

En ese panorama social y político se derogó la última norma del Apartheid legal, pero ¿terminaba el Apartheid social?

En la práctica,  millones de sudafricanos siguen viviendo en condiciones de extrema pobreza.Los sucesivos gobiernos del CNA han intentado devolver a los negros las tierras comprándolas o expropiándolas a los blancos si era necesario (los granjeros blancos se sienten amenazados y más de un millón ha decidido marcharse y vender sus tierras ) y numerosos puestos de trabajo son reservados para los negros. Pero el dinero sigue en manos de los blancos y de una muy minoritaria parte de la población negra

La unión social parece lejana. Hay siempre una tensa calma. (Sudáfrica tiene el índice de criminalidad más alto del mundo, unas 50.000 muertes violentas al año).Las distintas razas viven juntas pero sin mezclarse (algo más en las generaciones más jóvenes). Las parejas mixtas son una quimera y los mestizos viven separados de los negros, con los que mantienen una relación tensa.

Con todo, veinte años después de caer la última ley del Apartheid, Sudáfrica da razones a optimistas y negativos para dibujar su futuro. Quizá la vitalidad de su economía haga posible el sueño de Mandela. Pero él mismo lo advirtió: «Pasarán muchos años para superar los efectos de estas leyes racistas».

 2.     APUNTE BIOGRÁFICO DE JOHN MAXWELL COETZEE

 “¿Por qué nuestras madres deben tener 99 y estar bajo tierra antes que nosotros podamos llegar corriendo a casa con el premio que compensará todos los problemas que les hemos causado?
Palabras de Coetzee durante el banquete previo a la  aceptación del Premio Nobel”

es.wikipedia.es

John Maxwell Coetzee (*Ciudad del Cabo, Sudáfrica, 1940), pasó su infancia y primera etapa formativa entre Ciudad del Cabo e Inglaterra. Vivir en Sudáfrica siempre ha sido duro para él, de ahí sus idas y venidas . Coetzee proviene de un núcleo afrikáner, pero fue educado en la comunidad inglesa en   la que nunca se integró del todo. Las leyes raciales y la ascensión del Partido Nacionalista complicaron las tensiones entre los grupos sociales sin que él se identificara con ninguno de ellos. Los negros le parecían menos rudos que los afrikáner, pero su sed de venganza era mayor. Miembro de una familia un tanto excéntrica, John Maxwell no iba a misa, leía y usaba zapatos. Tenía parientes pero no amigos. Licenciado en matemáticas e inglés, en 1969 se doctoró en lingüística computacional en EEUU y su tesis fue un análisis computarizado de la obra de Samuel Beckett. Fue profesor de lengua y literatura inglesas en una universidad estadounidense. De 1984 a 2002  ocupó una cátedra de literatura inglesa en la Universidad de Ciudad del Cabo, hasta que no soportó más vivir en Sudáfrica. Actualmente reside en Australia (cuya nacionalidad adquirió en 2006)  donde trabaja como investigador en el Departamento de inglés de la Universidad de Adelaida. Ganó el premio Booker por Vida y época de Michael K (1983) y 16 años después lo volvió a ganar por su novela Desgracia (1999). En el año 2003 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura.

La crítica tiene actitudes encontradas ante Coetzee: para muchos de ellos, sus obras siempre aluden a  la realidad  sudafricana, aunque nos encontremos en la Rusia zarista.  Pero algunos  coetáneos lo ven   como alguien levemente desarraigado. Él mismo señala que su obra  sólo se explica por la matriz sudafricana y las alambradas de la conciencia: “En la excesiva insistencia en la construcción de frases, en las minuciosas exigencias estilísticas, en el afán de relectura y sobreescritura, detecto en mi propio lenguaje la patología que analizo. Por haber vivido el apogeo de la censura sudafricana, por haber visto sus consecuencias, no sólo en las carreras de los escritores sino en la totalidad del discurso público, y por haber sentido dentro de mí mismo algunos de sus efectos más secretos y vergonzosos, sobran razones para sospechar que lo que infectó a Arenas, Mangakis o Kis, sea lo que sea, ya fuera real o ilusorio, también me infectó a mí.”

3.     OBRA NARRATIVA

 Autor también de ensayos y de tres tomos de autobiografía novelada en tercera persona, su narrativa de ficción incluye, entre otras:

  • 1977: En medio de ninguna parte.
  • 1978: Esperando a los bárbaros. [Disponible en la biblioteca]
  • 1983: Vida y época de Michael K, obtuvo el BookerPrize.
  • 1986: Foe.
  • 1990: La edad de hierro, quizá su novela más clásica.
  • 1999: Desgracia, BookerPrize.
  • 2003: Elizabeth Costello, alter ego femenino del autor. Además, en 2003 obtiene el Nobel de Literatura.
  • 2005: Hombre lento. [Disponible en la biblioteca]
  • 2007: Diario de un mal año
  • 2009: Tierras de poniente
  • 2010: Verano

En sus obras, el elemento autobiográfico se percibe con frecuencia, al igual que los nombres simbólicos y las alegorías. Son temas recurrentes las relaciones humanas, la sexualidad, la violencia, la historia de Sudáfrica (durante y tras el apartheid), el racismo de cualquier tipo. Su escritura es sobria, dinámica y directa. Los diálogos y los pensamientos son breves y significativos. Los personajes,

4.     DESGRACIA (DISGRACE)

Juan Villoro, en un excelente estudio titulado: “J.M. Coetzee: el trazo de las sombras” dice que “pocas novelas indagan en forma tan extrema los usos de la hipocresía y la corrección política como Disgrace (1999)” En ella asistimos desde el principio al desplome del protagonista, quien recibe ” un injusto cargo de acoso sexual, es separado de la Universidad, viaja al desierto a visitar a su hija y encuentra a un ser ajeno, que encarna todo lo que él detesta.” “Sin embargo, aunque ella desafía sus prejuicios, no elimina su cariño de padre ni su impotente deseo de protección cuando (…).” Su regreso a la ciudad es otro calvario y regresa al campo otra vez, cerca de su hija. “Sudáfrica sigue descompuesta. Desoladora imagen posterior al apartheid, Desgracia trata de gente común del siglo XX, parias del sexo, la raza y el trabajo.”

En realidad, “disgrace” significa “deshonra, ignominia, vergüenza”. Por ello, aunque la novela puede leerse en clave de desgracias que suceden al protagonista David Lurie, en verdad, lo que se muestra y de lo que se habla es de la deshonra; una deshonra distinta para cada personaje, pues cada cual tiene un sentido distinto de qué es el honor o la honra.

Para el protagonista, un tranquilo profesor no vocacional de literatura inglesa de 52 años (recuerda a Coetzee), dos veces divorciado y padre de una hija, la sexualidad ocupa un lugar esencial en la vida. Una sexualidad no necesariamente unida a la afectividad, aunque puede conducir a ella o partir de ella. Lo que ni el protagonista ni el narrador (¿son el mismo?) hacen es mentir acerca de lo que aquél desea o siente. Incluso, alguna vez la ha considerado como una carga de la que no le importaría prescindir, pero siente que ese deseo es parte de él y no quiere avergonzarse de ello. Tema clave es también la relación entre padre e hija, sobre todo para aquél, que quiere tanto protegerla como respetar su libertad, y que para ello necesita entenderla. Una difícil relación que se desarrolla en una granja situada en un lugar en que la violencia es mayor aún que en las ciudades y el silencio es mayor que el de cualquier censura académica o política.No resulta fácil entender a David Lurie, su mezcla de dignidad y de debilidades, su autenticidad, exigen una visión desprejuiciada. La vida lo zarandea, lo desconcierta: para José M.ªGuelbenzu, Desgracia es una “parábola del desconcierto”

Crítica publicada el 28 de octubre de 2000 en el suplemento cultural de EL PAÍS Babelia: “Desgracia de J.M. Coetzee.  Parábola del descontento” de José María Guelbenzu.

JM. Coetzee es un autor cuya obra ha sido traducida casi íntegramente en España. Es uno de los más prestigiosos novelistas surafricanos y pertenece a ese grupo de escritores de habla inglesa que ha venido revitalizando la narrativa del Reino Unido justo cuando ésta parecía decaer al no encontrar sucesores de veteranos como Angus Wilson o Alan Silitoe. Hindúes, antillanos, australianos, neozelandeses, africanos y surafricanos han venido a representar para la novela inglesa algo semejante a lo que supuso la novela latinoamericana con respecto a la española. Hay que decir que ahora ya son legión y que uno puede encontrar de todo entre ellos, desde la excelencia hasta la mediocridad. J. M. Coetzee es, sin duda, uno de los mejores y su exigente escritura ofrece, además, una admirable regularidad. Esto lo podrá comprobar quien lea libros tan notables como Esperando a los bárbaros o Foe, ambos editados por Alfaguara. 
El libro que nos ocupa, Desgracia, es su obra más reciente y con ella obtuvo por segunda vez el BookerPrize, el más célebre premio literario inglés de novela. Es una obra escrita en presente utilizando un narrador anónimo. El presente parece ser un tiempo narrativo en el que Coetzee se encuentra muy a gusto, y la verdad es que resulta un elemento clave a la hora de fijar la situación de conciencia de su protagonista, David Lurie; el mismo valor ominoso y opresivo tiene su empleo en Esperando a los bárbaros, aunque en ella el narrador es el protagonista mismo. Desgracia cuenta la historia de un profesor de universidad de 52 años, que enseña con tanta perseverancia como falta de interés, al que una tentación a la que no puede sustraerse le atrae una desgracia que, a medida que se desarrolla, deja ver hasta qué punto aguardaba en su vida el momento de hacerse visible. 
El libro, muy bien armado, es una especie de parábola del desconcierto. Suráfrica se ha convertido en otro país tras la abolición del apartheid y la sociedad entera debe resituarse a partir de una conmoción semejante. David Lurie, dos veces divorciado, con una hija de su primer matrimonio, ha establecido un territorio anodino y suficiente para sobrevivir mientras acaricia la idea de escribir una ópera sobre uno de sus temas favoritos, de Lord Byron y Teresa Guiccioli. Y de pronto, la relación con una alumna y su negativa a dar una salida airosa a la situación que este asunto crea al airearse, le convierten en un inadaptado. Entonces escapa a vivir con su hija en la modesta granja que ésta posee. A partir de aquí, vamos a asistir a la inadaptación de Lurie a los dos mundos en que se mueve el país surafricano: la vieja sociedad blanca que ha debido ceder, pero que se cierra sobre sí misma, y la sociedad negra que comienza a emerger en un nuevo país que ya no puede considerar a los negros como inferiores, sino como vecinos. 
Una agresión brutal a padre e hija constituye el eje sobre el que gira el sentido de la novela. A partir de ahí, la hija decide pactar con su entorno campesino aun a costa de su propia humillación; en cierto modo es como empezar a vivir de cero en esa nueva Suráfrica que ahora se levanta desde su negritud y a la que ella se somete casi como en un trato de limpieza de culpabilidad, pero también de adaptación desde las raíces. David Lurie sólo lo ve como sometimiento y no puede entenderlo, pero la sociedad blanca, más cerrada e hipócrita sobre su menguado poder, tampoco acepta a Lurie si éste no se somete a unas reglas de hipocresía. Entonces entra en juego el sentido de la dignidad de Lurie, que no es glorioso ni heroico, sino el simple empecinamiento de quien no comprende, pero posee una conciencia moral propia. Hacia el final – la maravillosa escena del encuentro con Mr. Isaacs, padre de la alumna seducida – se inicia la curva de sometimiento de Lurie, un sometimiento que sólo le reporta oscuridad y desesperanza. 
Es la historia de un desplazado en un país cuyo cambio supone una inversión de papeles tradicionalmente arraigados. No puede moverse con utilidad para sí mismo en ninguna de las dos direcciones – la de su hija o la de Isaacs – y no puede hacer otra cosa que resignarse “como alguien que se extravió hace mucho tiempo, pero persevera por un camino que puede no conducir a ninguna parte”. Esta cita no es de Desgracia, sino de Esperando a los bárbaros, con la que no deja de tener muchas concomitancias. La diferencia es que aquí el protagonista ni siquiera se narra sino que es narrado. La nueva Suráfrica sigue adelante, pero para él es una desgracia en todo caso.
Hay una escena al inicio, cuando cuenta su relación con una prostituta a la que sólo trata en el local donde se encuentran, en que un día la ve por la calle y descubre que tiene dos hijos; descubre, pues, su otra vida, su mentira organizada; y en ese momento las miradas de los dos se cruzan a través del cristal, sólo un segundo; es un momento soberbio porque en ese cruce de miradas el destino se abalanza sobre él. Esa capacidad de dotar a las escenas clave de la prueba de carga de la novela es una cualidad impar. Lo único que le reprocharía a Coetzee es la zona que trata de la composición de “Byron en Italia”, que escapa innecesariamente a la poderosa unidad de la novela en busca de un cierto lirismo agónico. Pequeño defecto – si es que lo es – para tan buena pieza como es ésta.

¿QUERÉIS SABER MÁS? 

Aquellos que necesiten  más información pueden consultar estos otros documentos:

UN REPORTAJE DE TVE SOBRE LA HISTORIA DEL APARTHEID EN ÁFRICA

DESGRACIA (STEVE JACOBS, 2008)

En 2008, el director Steve Jacobs realizó la adaptación cinematográfica de la novela de J. M. Coetzee.  Aquí tenéis el trailer:

Golem, la productora de la película,  editó este interesante material promocional. Podéis descargarlo haciendo clic sobre la imagen:

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